La sonrisa más lírica se ha apagado

El escritor Jesús Requena Pleguezuelos falleció el miércoles 19 de diciembre como consecuencia de una enfermedad que no pudo superar

lírica Diario de Alicante
Raimon
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La literatura ha perdido la sonrisa más lírica, la que portaba como estandarte personal en su rostro granadino, nuestro apreciado amigo y compañero de tertulia, Jesús Requena  Pleguezuelos. Y quiero, en este día nublado y frío, de despedida cruel y homicida, hablar de su innegociable romance con las musas. Jesús amaba profundamente los libros, la poesía y la buena música, pero sobre todo amaba las tertulias, charlar con buenos amigos en la cafetería  “El Parquet”, donde en el último año del siglo pasado, ambos, urdimos, como dos curtidos lobos literarios, la creación de una tertulia cultural abierta a todo el mundo con inquietudes en la lectura y en la escritura. No contento con ello, Jesús pidió más, un sueño perseguido desde hacía tiempo: elaborar una “Gacetilla Literaria”- de  la que fue director-, que vio la luz en el año 2000, inaugurando el segundo milenio, junto a otros escritores como Pere Vicente, A. H. Pozo y los compañeros tristemente fallecidos: el novelista Manuel Segarra y el prolífico escritor, poeta y ensayista ilicitano Vicente Verdú, que apadrinó la gacetilla. Jesús, había escrito poesías, relatos, cuentos y novelas. Vivió la vida que quiso, sin descuidar la familia. Su libro “El Carrusel”, denota su habilidad para recrear personajes variopintos y reales. Persiguió lo imposible, la perfección en la escritura: una exigencia vana. Él era consciente de ello y lo corroboraba en la lectura y consigo mismo. Siempre le preocupó más el paisaje que el fondo. Era muy buen crítico en sus opiniones estéticas y formales, y causaban un gran respeto y admiración, entre los escritores y poetas, sus justos y equilibrados veredictos. Labor poco común, que no se suele dar por estos pagos, ni en otros.

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Gacetilla Literaria

Jesús Requena, ya no podremos hablar más contigo, entre un café relajante o una fresca cerveza, que solías tomar, frente a mis manos embriagadas de whisky, el café con leche de Paco y el vermú de Amorós. Nuestra conversación, siempre apasionada e intensa, ha huido como las hojas de los árboles de este invierno que llega. No importa, Jesús, tendrás siempre tu sitio entre nosotros: José Antonio Amorós, Francisco Gómez y el que te escribe. Nos hemos quedado cojos, las mesas las sillas, también se han quedado cojas, sin tu musa, tu sonrisa cálida y esos ojos azules que nos traía el mar en cada palabra que pronunciabas.

Sé que nunca llegarás a leer esta modesta carta, este pequeño homenaje que me apetecía explayar emocionado, para relajar mis vísceras y acallar el latido desbocado, este bombeo incesante que me sube por el pecho y me ahoga el acento. De todas formas, querido compañero Jesús, aguárdanos, que iremos acudiendo poco a poco, y cuando estemos los cuatro, átomo arriba o átomo abajo, celebraremos una cojonuda tertulia de difuntos, para hablar de los vivos, pobrecitos, los vivos, con sus problemas a cuestas. 

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