El 9 de Octubre es la convivencia de raíces y futuro. Un día que señala la fundación de un pueblo histórico, diverso y plural que los últimos años ha demostrado la capacidad de unirse sin caer en el tópico regionalismo ni a la uniformidad.

Desde esa ciudadanía compartida si hacemos un balance riguroso de la tarea hecha podemos concluir a pesar de lo que queda por hacer, la Comunidad Valenciana está hoy mejor.

Ha cambiado el paradigma valenciano.

De la corrupción, a la solidaridad. De la parálisis al desarrollo. De la exclusión a la igualdad. Ese es el renacimiento valenciano que ha empezado.

El mérito de estos hechos no corresponde al Consejo, es el producto de la ambición compartida. El papel de la Generalitat ha sido establecer un marco de confianza. Un marco de estabilidad, de honradez y diálogo fundamental para propiciar la esperanza. Es el momento valenciano. Ahora más que una fotografía fija, es una oportunidad.

Nadie nunca nos ha regalado nada, ha sido el esfuerzo inmenso para superar las dificultades aquello que lo ha hecho posible. Ha sido la rebeldía del pueblo valenciano frente las injusticias, la energía para dar la vuelta a los peores indicadores a pesar de la invisibilidad discriminatoria.

Y para hacer del momento valenciano la oportunidad valenciana propongo un nuevo contrato social con tres ideas: un desarrollo sostenible para conseguir una economía de salarios dignos, la igualdad de derechos y de oportunidades y la defensa de los valores democráticos frente a la regresión incitada por los populismos conservadores.

Se trata de la determinación para contestar anticipadamente los retos cuando estamos consiguiendo cambiar el presente.

El problema valenciano que nos sitúa a la cola en financiación e inversiones es un problema de España. Un desequilibrio que tenemos que superar. Desde la lealtad reivindicativa y con toda la fuera de los argumentos que nos da pedir aquello que es justo.

Hemos recuperado nuestra voz. Por primera vez en muchos años, somos interlocutores fiables, nos merecemos sentarnos a la tabla de negociación. Ahora, afortunadamente, no hemos cambiado un milímetro nuestro planteamiento, pero ha cambiado el Gobierno de España para dialogar y acordar.

Los valencianos hacemos propuestas que son escuchadas, discutidas y tenidas en cuenta. Llegamos a acuerdos sin renuncias. Conseguimos avances, para acercarnos a un hito de la que estamos cada día más cerca.

Estamos haciendo los deberes tanto en aquello que depende de nosotros como exigiendo aquello que nos corresponde. Aprovechando el momento valenciano, para construir un nuevo contrato social valenciano.

Tengo una confianza enorme en la capacidad del pueblo valenciano, en sus instituciones de autogobierno, en nuestra voluntad de unirnos, de hacernos respetar.

Este año cuando conmemoramos 600 años de los principios de la Generalitat, las valencianas y los valencianos nos hemos ganado decir el futuro que depende de nosotros.

Sabemos dónde vamos  y dónde no queremos volver. Aprovechamos la oportunidad valenciana.