Necesidad de crear la fundación Juan Gil-Albert por Ramón Fernández

Fernández: "Hay que promover la investigación biográfica y literaria a través de la Fundación y la reedición de sus obras"

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Después de haber asistido como ponente en el Congreso Internacional Juan Gil-Albert la presente semana del 3 al 5 de abril, y conversar con muchos “gilalbertinos” e incluso con Claudia Simón, sobrina nieta del gran escritor y poeta valenciano Juan Gil-Albert (Levantina se debería llamar nuestra Autonomía) he llegado a la conclusión de que la obra de este gran poeta no está digitalizada y por lo tanto, apenas se conoce, ni se promociona.

El nombre de Juan Gil-Albert, se lo pusieron en los años 80, por agradar al entonces todopoderosos vicepresidente del gobierno Alfonso Guerra, gran lector de poetas republicanos como Antonio Machado, García Lorca, Miguel Hernández y Juan Gil Albert. Algún político alicantino que se enteró quiso agradar a Alfonso Guerra y le pusieron al entonces Instituto de Estudios Alicantinos (Institución dependiente de la Diputación de Alicante), el nombre de Juan Gil-Albert como una pegatina.

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Y he llegado a la conclusión que el Instituto Alicantino de Cultura solo tiene el nombre de Juan Gil-Albert, pero ni es fundación, ni tiene el legado, ni los derecho de autor, ni nada de nada, es un centro cultural de la Diputación de Alicante con múltiples disciplinas y actividades artística donde conviven en  la casa Bardín de la calle San Fernando, 44, dos instituciones como el Departamento de Arte y Comunicación Visual Eusebio Sempere, cuya directora es Juana Mª Balsalobre García. El actual director del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert es José Ferrándiz Lozano.

La situación de fundacional de nuestros cuatro escritores: Miguel Hernández, Azorín, Gabriel Miró y Juan Gil Albert es la siguiente:

La más importante y consolidada es la Fundación como lo es la de  Miguel Hernández en Orihuela (sin legado por cierto que está en Jaén) pero es una fundación patrocinada por la Generalitat Valenciana, cuyo director en Aitor L. Larrabide.   La Casa-Museo de Azorín en Monóvar de calle Salamanca 6, no es tampoco una fundación, dependía de la CAM, su director en José Payá Bernabé. La Casa-Museo de Gabriel Miró en Polop de la Marina, tampoco es una fundación, depende del alcalde de turno de dicho ayuntamiento, actualmente Gabriel Fernández Fernández.

Crear la Fundación Juan Gil Albert

Pasado este Congreso Internacional de los 25 años de su muerte de Juan Gil-Albert, la familia, los herederos deben solicitar la creación de una Fundación y a partir de ahí trabajar para digitalizar toda su obra, de lo contrario, no se pude estudiar por los investigadores. Me refiero a investigadores hispanista de universidades extranjeras.

¿Para qué  se crea una fundación?

Una fundación se crea para conseguir promotores  y mecenas para recaudar fondos para becas de investigación sobre el patrocinado. Sin fondos económicos no se puede investigar ni promocionar, se necesitan euros.  Hay que crear un premio de poesía y otro de relatos llamado Juan Gil Albert. En definitiva crear Cultura y ayudar  a los jóvenes a integrarse la cultura autóctona de la tierra.

Promover la investigación biográfica y literaria a través de la Fundacion. Reedición de sus obras.

Lugar de la fundación debe ser Alcoy con apoyo del ayuntamiento.

Crear un patronato con domicilio en villa Vicenta de Alcoy.

Presidenta Claudia Simón. Su sobrina nieta.

Miembros técnicos el patronato podrían ser. Por ejemplo:

Miembros de honor Alcalde de Alcoy, el que esté.  Presidente de Generalitat valenciana. Rector de la universidad de Alicante, Diputación de Alicante, en la persona del diputado de Cultura.

Proponiendo como asesores técnicos a  Adrián Espí, Pedro de la Peña, José Carlos Rovira, Pedro García Cueto, Ricardo Bellveser, María Paz Moreno…

Agrupados con otras fundaciones asociadas como:

Fundación cultural Miguel Hernández de Orihuela

Fundación Federico García  Lorca.

Fundación Antonio Machado

Fundación Blasco Ibáñez

                                                      Por Ramón Fernández Palmera (escritor y pintor)

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