Más de treinta especialistas internacionales han elaborado un análisis que ofrece pautas concretas para que el profesorado prepare al alumnado frente a inundaciones, incendios, erupciones volcánicas o terremotos. El trabajo, coordinado por los profesores Álvaro Morote, de la Universitat de València (UV), y Jorge Olcina, de la Universidad de Alicante (UA), se ha centrado en cómo abordar estos fenómenos extremos desde el aula para reducir la vulnerabilidad de la población.
El estudio reúne aportaciones de investigadores de España, México, Nicaragua, Japón y Australia. Estas contribuciones ofrecen una mirada claramente multidisciplinar sobre la educación en riesgos naturales, con propuestas que parten de la geografía, la educación, la comunicación o la gestión del riesgo.
La educación, clave frente a los desastres
Según ha explicado Álvaro Morote, profesor titular del Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales de la UV, ‘la educación es la pieza esencial que tiene que presidir el conjunto de medidas pensadas para la mitigación del riesgo de desastres’. Ha defendido que la formación ciudadana debe acompañar a los avances en predicción meteorológica, las infraestructuras de defensa, la normativa y la gestión de emergencias.
El análisis no se limita a recopilar investigaciones científicas. También ofrece herramientas prácticas, rigurosas y accesibles para el profesorado, así como experiencias educativas innovadoras que ya se han aplicado con éxito en distintos contextos. De este modo, el documento se convierte en una guía de uso directo para docentes que quieran introducir o reforzar la educación en riesgos en sus clases.
Los autores han subrayado la importancia de que este tipo de alfabetización sobre riesgos llegue a todos los niveles educativos. Señalan que resulta especialmente urgente en el contexto actual, marcado por una mayor vulnerabilidad territorial y por la aceleración de la crisis climática, que incrementa la frecuencia e intensidad de los fenómenos extremos.
Por su parte, Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la UA, ha advertido de las consecuencias de no educar en este ámbito. ‘Si un grupo humano que convive con el riesgo no recibe educación básica sobre peligrosidad y sobre gestión de situaciones extraordinarias, nunca se podrá conseguir la salvaguarda de la vida humana’, ha manifestado.
Olcina ha añadido que ‘incluso con ello, nunca se va a poder garantizar totalmente que ante un episodio natural extraordinario no se vayan a producir víctimas mortales’. Sin embargo, ha remarcado que ‘si no se desarrollan acciones de enseñanza efectiva a las poblaciones en riesgo, se seguirá asistiendo a una contabilidad dramática de fallecimientos cada vez que se desarrolle un peligro natural’.
Herramientas para el aula y uso crítico de la información
El análisis proporciona conocimientos básicos sobre los principales peligros naturales y su dinámica. A partir de estos contenidos, plantea pautas didácticas para trabajar en clase cómo actuar antes, durante y después de un episodio extremo, con el objetivo de que el alumnado conozca los riesgos de su entorno y sepa reaccionar ante una emergencia.
El trabajo también incorpora el papel de las nuevas fuentes de información social, como los medios de comunicación, internet y las redes sociales. En opinión de Morote y Olcina, estos canales ‘deben jugar un papel formativo evitando la difusión de mensajes engañosos o falsos que entorpecen la gestión de una emergencia y la educación para la reducción del riesgo’. Por ello, proponen que el alumnado aprenda a contrastar fuentes y a identificar bulos relacionados con fenómenos naturales y emergencias.
Los coordinadores consideran que implicar a la comunidad educativa en este enfoque permite extender el conocimiento más allá del aula. El alumnado puede trasladar a sus familias pautas básicas de autoprotección y prevención, lo que contribuye a crear entornos más resilientes frente a episodios extremos.
En esta línea, los profesores han coincidido en que ‘una sociedad bien formada e informada será siempre una sociedad más segura’. Defienden que integrar de forma sistemática la educación en riesgos naturales en el currículo es una inversión directa en seguridad ciudadana y en reducción de daños humanos y materiales ante futuros desastres.



