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sábado, 1 octubre 2022

La reapertura de vis a vis multiplica las entradas de droga a las prisiones de Alicante

El Sindicato Tu Abandono Me Puede Matar reclama instaurar unidades caninas para controlar el material que se pueda colar en visitas personales no vigiladas

El pasado 1 de abril se reanudaron las visitas personales no vigiladas a los reclusos desde el inicio de la pandemia en centros penitenciarios de Alicante, los denominados vis a vis. Y en una primera inspección preventiva en colaboración con la unidad canina de la Guardia Civil en la prisión de Villena se detectaron hasta tres intentos de introducir droga. Uno de ellos, sería además el de mayor valor, ha sido descubierto por funcionarios penitenciarios del Grupo de Control con posterioridad. No fue actuación directa de la unidad cinológica pero todo apunta a que alguien soltara el alijo al percatarse de la presencia de la misma, porque «el perro falla muy poco, es casi imposible», señalan fuentes internas.

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Fuentes penitenciarias aseguran que la drogas en las cárceles, donde existe un alta adicción, cuestan «tres veces más que en la calle» y en los tiempos de más restricciones por covid las cifras se han multiplicado «por cinco». La reanudación de encuentros familiares y con parejas en habitaciones este mes ha abierto una de las principales vías de entrada de estupefacientes. Para atajar canales de entrada como este, desde el sindicato de funcionarios penitenciarios Tu Abandono Me Puede Matar (TAMPM) se muestran partidarios de instaurar unidades caninas permanentes en las prisiones «siempre que se regule bien y las plazas de la unidad cinológica interna salgan a concurso».

En Alicante este servicio preventivo se desarrolla por petición expresa del Grupo de Control de la prisión a la Guardia Civil. Habitualmente la unidad canina hace una ronda por el interior de la prisión. Es menos habitual en las visitas a reclusos aunque se realiza cuando hay «un chivatazo», siempre sujeto a la disponibilidad de la benemérita.

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Desde hace un año existe un programa piloto en diferentes prisiones españolas para incorporar a perros adiestrados. TAMPM explica que el «efecto intimidatorio es increíble» y su implantación impediría la entrada de drogas en las prisiones. Además, «en las cárceles macro, en grandes cárceles como la de Villena, hay espacio para los perros». «En el momento que haya una regularidad en los vis a vis la gente no se la va a jugar». En mercancías como las incautadas recientemente, los visitantes podrían enfrentarse a penas de años de prisión, dependiendo de la cantidad y el tipo de sustancias.

El mayor alijo estaba en el baño

Los alijos detectados por el can de nombre «Anty» en la prisión de Villena el pasado 7 de abril los portaban dos mujeres en sus visitas a sendos internos. El perro marcó sus vehículos a la entrada al recinto. Una de ellas portaba una bellota de hachís de 17 gramos y la segunda otra de 10 gramos y 38 pastillas. «El perro fue directo al coche», señalan fuentes penitenciarias. La sorpresa la encontraron los funcionarios del Grupo de Control en un lavabo donde aparentemente al percatarse de la presencia del perro soltaron todo lo que llevaban. En total, «22 bellotas de hachís, pastillas y polvo, que sería heroína o cocaína».

Alijo incautado en el lavabo del Centro Penitenciario de Villena.

El ingenio del contrabando en prisiones

Todas las visitas a las cárceles pasan por un arco de detección y, cuando hay sospecha de que puedan introducir algún material, entonces los funcionarios penitenciarios realizan un cacheo o incluso piden una orden judicial para hacer una radiografía en un centro sanitario donde evidencian si la mercancía, está «empetada», es decir se ha introducido en recto o vagina.

Existe un alto nivel de colaboración entre diferentes áreas del centro para seguir la pista de la droga dentro del recinto o que se vaya a introducir en el mismo. Sin embargo, el ingenio para colarla es alto. En tiempos de pandemia, que no había ni visitas ni permisos, la principal vía de entrada han sido las cartas. A veces las sustancias estaban impregnadas en el papel, otras veces en un doble fondo de fotos, sobres o en las tapas de libros. Otras maneras de meter estupefacientes en prisiones son en las suelas de zapatillas o en cinturones.

Recientemente, también se desarticuló una red organizada que operaba desde el interior de la prisión traficando al menudeo a través de WhatsApp. A pesar de conocer la mayoría de artimañas, la posibilidad de detectar la entrada de drogas es muy bajo con los medios actuales, explican desde el entorno de prisiones.

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