“Mi madre ha muerto en una residencia y no sabemos ni el motivo real”

Según datos de Consellería de Sanitat, hasta ayer habían fallecido 394 personas mayores en la Comunitat Valenciana. Este es el testimonio de la hija de una de ellas, que murió en Alicante capital.

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Este diario recoge el testimonio de M.J,  hija de una mujer de 91 años, fallecida en la residencia Domusvi de Babel, en Alicante capital.

Cabe recalcar que a primeros de abril, la residencia DOMUSVI Alcoy (Alicante), sumaba 40 fallecidos por coronavirus. Son solo datos parciales, puesto que desde el departamento de comunicación de la cadena de residencias no nos han querido facilitar el número total de personas mayores muertas por el virus en sus centros de la Comunidad Valenciana. Solamente nos han indicado que, de sus 15 residencias de la autonomía, hay tres que presentan casos positivos de coronavirus. 

La madre de M.J, de 91 años y con Alzheimer, llevaba 14 años ingresada en residencias de DOMUSVI, primero en Santa Pola y luego en la de Alicante capital. El motivo de su ingreso fue la detección de esta enfermedad neurodegenerativa, por lo que sus familiares pensaron que en una residencia estaría mejor atendida, aunque parece ser por lo que relatan que no ha sido así.

Sus familiares denuncian que, antes de morir el 8 de abril , llevaba casi un mes con la cara hinchada y sin respirar bien, cuando ella antes no había tenido ningún problema de insuficiencia respiratoria. Su hija explica que hablaban con ella diariamente y que habían estado visitándola cada semana antes de las restricciones.  Mientras tanto, preguntaban al equipo de enfermería a que se debía ese estado, temiendo que se hubiera contagiado de coronavirus, les comunicaban que “le estaban poniendo oxígeno y que por eso tenía la cara tan hinchada”. 

No obstante, desde DOMUSVI, nos indican que “tomamos medidas preventivas atendiendo a lo que iba dictando el Ministerio de Sanidad. La primera medida importante que adoptamos fue la restricción de visitas a familiares a partir del 9 de marzo y también establecieron las pautas higiénico-sanitarias pertinentes para personal del centro y usuarios. En cuanto se decretó el estado de alarma se restringieron la entrada de proveedores no esenciales y se paralizaron los servicios de las empresas mantenedoras y los profesionales externos, todo ello para reducir al mínimo las entradas y salidas del centro.También se  adoptaron las medidas de aislamiento y sectorización de los usuarios en función de las características del centro y según los protocolos de salud pública. Pero alegan que, desde el inicio de la pandemia, no han tenido los EPIS adecuados, a pesar de haberlos solicitado.

Sin embargo, los familiares de esta señora aseguran que hasta unos días antes de la declaración del Estado de Alarma, su madre y otros usuarios presuntamente estaban juntos tanto en comedor como en salas comunes sin mascarilla ni guantes.  Y que conforme iban avanzando los días, los iban confinando en las habitaciones, pero no solos sino con otro residente. A su madre la aislaron a partir del día 14 de marzo junto con su compañera de habitación.

La familia, preocupada por el estado de la progenitora, que no respiraba bien mediados de febrero, insisten al equipo médico una semana después del decreto de confinamiento, para que la trasladen a un hospital y le indican que no es posible pues siguen los protocolos de Sanidad.

“Incluso pedimos traerla a casa para cuidarla, pero se negaron. No obstante, nos aseguraron que le habían hechos las pruebas del COVID-19 y habia dado negativo”.

M.J. (Hija DE LA FALLECIDA)

Al restringirse las visitas, solo podían hablar con ella por teléfono, así que tras tres semanas sin verla, pidieron por favor hacer una videollamada el jueves 4 de abril ya que alegan que se enteraron por la prensa que podían hacerse. “Cuando la vimos, tenía la cara muy muy hinchada y apenas articulaba palabra”, explica la hija.

Al día siguiente, y preocupadas por el estado de su madre, llama la otra hija y en dicha residencia le comunican que su  madre está siendo tratada con morfina para que no sufra y en fase de fallecimiento. Murió cinco días después, sola, sin la mano de sus seres queridos. Y en el certificado de defunción del médico, ponía que tenía síntomas de coronavirus.

Certificado de defunción de la madre de M.J. donde indica en la causa “Sospecha Covid-19”

“¿Cómo es posible que ahora digan que tenía coronavirus si nos indicaron que la prueba había salido negativa? ¿Por qué no la trasladaron a un hospital si ellos no contaban con el material específico para la gravedad del caso?

M.J. (hija de la fallecida)

“Nos dijeron que no tenía coronavirus y luego en el parte de defunción han puesto que había sospechas de que sí era positiva. No nos han dado más detalles ni explicaciones y dando gracias que pudimos enterrarla acudiendo 4 personas”, lamenta M.J.

Además, la hija afirma que el trato recibido a familiares no ha sido el más adecuado tampoco en otras ocasiones. De hecho, asegura que llevaban 7 años pidiendo el traslado de su madre desde el centro de Santa Pola al de Alicante capital pues por circunstancias laborales les era más complicado visitarla con más frecuencia estando más lejos. Y no fue hasta que se rompió la tibia y el peroné cuando consiguieron ese traslado. 

Imagen de la pierna de pierna de la señora fallecida cuando llegó al hospital

Tuvimos que denunciar en la oficina del consumidor el trato recibido en Santa Pola, puesto que mi madre se cayó y se rompió la tibia y el peroné, y cuando la llevamos al hospital, el médico, ante el color del hematoma nos dijo que debía llevar una semana con la rotura. Y en la residencia no nos avisaron cuando sucedió, y como mi madre no se comunicaba bien por el Alzheimer no queremos imaginar lo que tuvo que sufrir con el pie roto varios días”, denuncia la hija de la fallecida. 

También relata que otra vez le tuvieron que sacar piedras en la vesícula y que presuntamente llevaba días con problemas urinarios hasta que por fin las llamaron para que la llevaran al hospital. 

Su plaza en la residencia, en una habitación doble con otro residente costaba 2.800 euros, aunque la familia pagaba 460 euros y el resto era subvencionado por la Generalitat Valenciana como plaza concertada en centro privado.

Imagen de la habitación con trozos de papel por el suelo

“Cobran casi 3.000 euros por residente y las habitaciones están sucias y mi madre no fue atendida como merecía”, lamenta J.M .

En otra ocasión, explica que se les cayó y se rompió la cadera y “nos gastamos casi 3.000 euros en una silla adaptada y cuando íbamos a verla la silla estaba muy sucia. Incluso los collarines que le poníamos para su comodidad”.

“Mi madre murió sola, después de varias semanas quejándonos de que no respiraba bien y pesando tan solo 30 kg, de los 80 que pesaba cuando entró a una de las residencias DOMUSVI”.

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