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Un hombre acusado de matar en 2016 a su pareja y emparedar su cadáver en el cuarto de contadores del edificio donde ambos residían, en Torrevieja, ha alegado hoy en el juicio que le causó la muerte de manera involuntaria, al agarrarla del cuello para “retenerla” porque ella le quería agredir.

“No soy una mala persona ni un asesino. Mis padres no me criaron así, pero son cosas de la vida y soy un hombre para responder por lo que he hecho”, ha asegurado el procesado, John Charlie Leiva Tello, ante un jurado popular en la Audiencia de Alicante.

La fiscalía, la acusación particular y la popular piden sin embargo para él 25 años de prisión por un delito de asesinato con la agravante de parentesco, pues entienden que tenía planeado el crimen y lo ejecutó de forma alevosa, sin dar a la víctima ninguna oportunidad de defenderse.

Supuestamente, pretendía evitar que su pareja, Johana Bertina P.G., regresara a Chile, el país originario de ambos, con los dos hijos de la pareja, una niña y un niño que tienen en la actualidad 8 y 14 años, como había resuelto hacer por lo insostenible de su relación con el procesado.

Los hechos ocurrieron entre la madrugada del 12 al 13 de junio de 2016, en el domicilio familiar, ubicado en la calle Ramón y Cajal de Torrevieja, cuando John Charlie Leiva Tello presuntamente acorraló a su compañera en la terraza y la estranguló hasta matarla, según la versión de las acusaciones.

El presunto asesino ha relatado hoy, durante la primera sesión del juicio, que discutió con su pareja porque ésta tenía una adicción a las drogas y pedía dinero para sufragarla a conocidos que luego se lo reclamaban a él. De acuerdo con su testimonio, la mujer le “escupió” y trató de pegarle y arañarle, por lo que él la agarró del cuello, en una “reacción defensiva”, para “apartarla y retenerla”, aunque también la empujó y acabó cayendo “inconsciente al suelo”.

A continuación cargó con el cuerpo de la víctima y lo bajó hasta el rellano del edificio, donde, al comprobar que no tenía pulso, lo introdujo en un habitáculo situado en el cuarto de contadores y lo cubrió con cemento y ladrillos. “Fue producto del pánico. Usted pretende buscarle la lógica, pero en ese momento todo se hace por miedo y por inercia”, ha respondido el procesado al fiscal cuando éste le ha advertido de la incongruencia de su comportamiento ante una muerte supuestamente accidental.

El acusado ha dicho que sigue preguntándose “cada día” en prisión por qué no llamó a la Policía o al teléfono de emergencias 112, al tiempo que ha solicitado perdón a su suegra, a sus hijos y a su propia madre por la “vergüenza y humillación” que le ha “hecho pasar”.

Aunque la denuncia por la desaparición de la mujer la interpuso una amiga -su cadáver no fue descubierto hasta el 17 de agosto de ese año, en avanzado estado de descomposición-, el hombre distribuyó carteles por Torrevieja para tratar de localizarla.

Igualmente ha reconocido hoy que envió mensajes a su suegra en los que le decía que Johana estaba bien e hizo que sus hijos llamaran por teléfono al móvil de su madre para dejarle en el buzón de voz súplicas para que regresara a casa.

El fiscal del caso ha reprochado al presunto asesino que ofreciera hasta “cinco versiones distintas” de lo ocurrido durante la instrucción de la causa y ha expuesto al jurado las numerosas contradicciones en las que ha incurrido.

La vista oral continuará mañana con la declaración de varios testigos y concluirá previsiblemente el viernes próximo con el veredicto del jurado.

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