Vicente Belmonte Navarro: “La minusvalía despertó mi faceta artística a los 5 años”

El pintor ilicitano del Surrealismo está preparando trabajos para su próxima exposición

Belmonte Diario de Alicante
Josep Manel Sánchez
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Belmonte es un pintor nacido hace 64 años en Callosa del Segura y actualmente está preparando unos dibujos a lápiz que tiene pensado plasmar al óleo. El motivo de estos bocetos se debe a una exposición que tendrá lugar en breve y que no ha querido desvelar el sitio ya que quiere mantener la expectación. Este callosino de ojos verdes y espesa barba blanca es un apasionado del juego de ajedrez que en más de una ocasión ha dibujado con sus dedos. Además, se considera un pintor ilicitano sin raíces y por cuestiones económicas echa de menos viajar a Marruecos, país que le recuerda a su pueblo natal tal y como él lo recuerda en su infancia. De todos los museos que ha visitado, el que más recuerda por sus imágenes impactantes en la fotografía, es el museo francés de Bièvres que no ha conseguido a día de hoy imitar.

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Josep Manel Sánchez

¿Cómo fueron tus comienzos en la pintura?

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Todo empezó a los cinco años cuando la minusvalía supuso un impedimento para jugar con otros niños y para entretenerme me puse a dibujar. A los doce años José Agulló Torres propietario de una imprenta y Tónico Sansano escritor y mecenas me ayudaron proporcionándome material y un lugar donde pintar hasta que tuve que emigrar a Suiza.

¿Qué supuso su marcha al extranjero?

En Ginebra me dediqué a estudiar una lengua, una cultura y una forma de ver el arte con distinta perspectiva a la española. Asistí a clases de Bellas Artes y además conocí países como Francia, Grecia e Inglaterra.

¿A qué edad regresaste de nuevo a Elche?

Con 28 años, con la cartilla del paro y con ideas nuevas para expresarlas en una tela.

¿Tuviste contacto con el famoso “Grup d´Elx” ?

Sí, no obstante entré a formar parte de este grupo en 1980 que lo habían fundado Sixto Marco, Albert Agulló, Joan García Castejón, Antoni Coll y el poeta Ernest Contreras en el año 1969. Este grupo nació para luchar contra el régimen político y social. Cuando me incorporé a este colectivo sus ideas se habían transformado, sus inquietudes eran el de interpretar el arte para buscar el equilibrio en la plástica.

¿Se ha revelado contra el sistema alguna vez?

En los años 80 cuando me uní a un grupo de pintores como Eutiquio Amador, Andreu Castillejos, Manolo Macía, Tonia Baeza, María Dolores Mulá, Juan Llorens para realizar una exposición colectiva que se denominó “Amanida d´Art” en respuesta a la polémica del ayuntamiento que había convocado a unos pintores para exponer en su sala. Los que quedamos fuera organizamos este acontecimiento que tuvo más repercusión que el no oficial, donde la denuncia era casi el tema principal.

¿Cuáles han sido tus maestros?

Más bien he sido autodidacta y siempre he tenido modelos a imitar. Pero llegué a ser alumno de Idelfonso Cañizares y de José María Parramón profesor de prestigio de CEAC. Pero quien de verdad ha sido mi maestro es Miguel Ángel Buonarroti. He llegado a manejar la misma técnica que el pintor y escultor italiano que es la del frotis. Esto viene a ser un pincel redondo que se utiliza como difuminador y que el mismo Rembrandt llegó a utilizar en sus claroscuros.

¿Que otras técnicas utilizas en tus cuadros?

Me recreo en la materia mezclada a la pintura. Esta técnica ya estaba descubierta pero la he ampliado con tipos de arenas, de serrín y de arcilla que hacen que mis cuadros cobren volumen.

¿Cómo definirías tu pintura?

La definiría como surrealista en la esencia de la transmisión de imágenes. Mi estilo se queda en lo infantil comparándolo con René Magrit o Salvador Dalí.

¿Pinta usted lo que quiere?

Por necesidad económica pinto cuadros comerciales, y como un buen virgo, soy perfeccionista, ya que no tolero cuadros con defectos, es el reto que tengo ante la vida. En las obras comerciales hay márgenes de tolerancia a diferencia del que haría por gusto.

¿Se sobrevive con la venta de cuadros?

La verdad es que no. Desde que se inició la crisis, ésta, ha golpeado el gremio más débil que está en desamparo, porque no estamos protegidos con un contrato y un cuadro se considera un artículo de lujo. Resulta difícil vender una marina de Santa Pola o un paisaje de palmeras.

¿Ha pensado vender sus trabajos a través de internet?

Internet es un mundo que desconozco y la tecnología me cuesta mucho adaptarme a ella, no sé manejar el teléfono móvil.

¿En qué sala le gustaría ver sus cuadros?

Cualquier galería es buena por muy modesta que sea. Perfectamente sé cuál podría ser mas apetitosa e importante a nivel personal, pero se van a ver los mismos cuadros esté en una sala en Elche o Alicante que en un museo de Madrid.

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Josep Manel Sánchez

¿Cuál es el cuadro comercial que más veces ha pintado?

El Molino Real de Elche. Si fuese un hombre millonario lo compraría para vivir en él.

¿En qué lugar le gustaría jubilarse para disfrutar de su faceta artística?

Tengo claro que no viviría en Nueva York porque no me encontraría en mi mundo. Si viviría en una casita frente a la Alhambra de Granada ya que creo que en otra vida fui árabe. Otro lugar donde disfrutaría de la tranquilidad es en Al Kariat, pueblo Marroquí donde los paisajes están todavía vírgenes. Cuando pueda jubilarme de verdad, tengo pensado llevar a cabo los apuntes y bocetos que tengo en mis cuadernos a las manchas del óleo.

¿Le gusta la soledad?

Para pintar sí, porque oyes el silencio, no existen las prisas y el tiempo pasa como un soplo de vida que hay que pintar para que no se escape para siempre. Me gusta el contacto humano de la gente sencilla, que he llegado a encontrar en África.

¿Qué opina del reconocimiento que se le da a los pintores?

Opino que cuando me muera no me llevaré ningún certificado que me permita entrar en las puertas del paraíso. Considero que un pintor tiene que vivir en equilibrio y el reconocimiento está muy bien, pero no hace crecer al artista. Para conectar con la obra del artista hay que hacerlo en el aspecto humano de éste. En este país parece que lo que más importa es la “titulitis” más, que lo que se hace.

¿Le preocupa los comentarios de la gente hacia su obra?

Lo que me preocupa es el no estar a la altura de ese momento, más de lo que opine la gente, porque si la temática tiene una finalidad, el resto lo dejo al entendimiento humano.

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