Morante de la Puebla ha firmado este 23 de junio una tarde de toreo de ensueño en la plaza de Alicante, dentro de la Feria de Hogueras, con una oreja de cada toro de un extraordinario encierro de Santiago Domecq, pero se ha marchado a pie mientras el palco presidencial ha concedido dos trofeos a Alejandro Talavante tras una faena a medio gas al toro más completo de la corrida.
La corrida de Santiago Domecq, con los toros Madrugador, Comunero, Sindicalista, Duermevela, Revolucionario y Malduerme, ha sacado un gran fondo de bravura y casta. La terna ha dispuesto de animales serios, cómodos, nobles y exigentes, aptos para soñar el toreo. En ese contexto, el papel de la presidencia ha quedado en entredicho por su doble vara de medir.
Morante, que abría cartel, ha marcado desde el principio el nivel artístico de la tarde. Con Madrugador, un toro castaño, carifosco y basto, pero con fondo encastado y bravo, ha asumido el reto sin especular. Desde los lances de tanteo ya se ha intuido el calado de su toreo.
El sevillano se ha asentado para proponer la primera verónica, semidefrente, apoyado en los riñones y con el capote muy natural. Las manos altas y la colocación precisa han dado lugar a verónicas de gran expresión, aunque alguna ha tropezado. La propuesta, basada en el mando y la caricia, ha ido ganando terreno y ha merecido la pena por pureza y torería.
Tras una pelea intensa en varas, en la que ha destacado el aguante de Germán González, Morante ha firmado un quite por chicuelinas luminosas, toreadas con alegría. En banderillas ha sobresalido un par de José María Amores, que ha pasado muy cerca de los pitones, y un capotazo magistral de Fernando del Toro por la mano derecha.
La faena de muleta de Morante a Madrugador ha sido encajada, seria y muy torera. No ha escatimado esfuerzo, pero tampoco ha caído en estridencias, consciente del fondo exigente del toro. El trasteo ha comenzado por alto, con toreo ayudado, apretado y barroco. Por abajo ha dejado una trincherilla calificada desde los tendidos como faraónica.
El toro ha embestido con mucha seriedad por la mano derecha y algo más por dentro al natural. Morante, vestido de azul Alicante y oro, con hombreras amplias y caídas, en un guiño al estilo de Esplá, ha apostado por el toreo en redondo sin rectificar la colocación. Ha llevado siempre sometida la embestida, que ha empujado con verdad los engaños.
Por el lado izquierdo el compromiso ha sido mayor. Ha sufrido una colada y ha ajustado después la colocación, buscando terrenos muy pensados, de rayas adentro. La última serie por la derecha, ganando el paso, ha rematado una labor de alto nivel. La estocada, seca y muy seria, ha estado a la altura del toro y del toreo mostrado. Ha cortado una oreja de peso.
Con Duermevela, un castaño claro de la misma reata, Morante ha vuelto a impedir que la plaza se durmiera. Ha iniciado el saludo con delantales muy ajustados que casi le han hecho levitar por su precisión. Ha dudado brevemente, pero finalmente se ha guardado el brindis en el tercio final.
Apoyado sobre las tablas y toreando por alto, como quien conversa en la barra de un bar, Morante ha descorchado una faena muy personal. Desde esa posición ha ligado muletazos con enorme encaje y temple, sobre todo con la mano derecha. Se ha descalzado para agarrarse mejor a la arena y sentir más la enclasada embestida de Duermevela.
El toreo ha brotado vertical, lento y con gran empaque. Por naturales, los muletazos han resultado muy delicados y largos, prendidos de los vuelos de la muleta. El sevillano, cada vez más arrebatado, ha sumado una trincherilla, dos molinetes de rodillas y otra serie en redondo, de compás algo más abierto, volcando el pecho sobre la embestida.
Las manoletinas finales han cerrado una paleta de recursos que ha confirmado el momento artístico del torero de La Puebla del Río. Un pinchazo previo a una estocada letal ha limitado el premio a una sola oreja. La puerta grande se ha quedado en el aire y Morante se ha marchado andando, a su aire, después de una tarde que ha sentido como propia de principio a fin.
Corrida notable de Santiago Domecq
La tarde ha respondido a la categoría de la Feria de Hogueras, con casi lleno en los tendidos, unos 9.000 espectadores. Se ha guardado un minuto de silencio al romper el paseíllo en memoria del matador alicantino Manolo Carrillo, lo que ha añadido solemnidad al ambiente inicial.
La corrida de Santiago Domecq ha resultado completa, bien presentada, seria y cómoda de hechuras. Los toros han mostrado bravura y casta, con matices distintos en cada ejemplar. Sin embargo, no todo el potencial de la corrida se ha reflejado en los trofeos concedidos.
El caso más llamativo ha sido el de Revolucionario, el quinto de la tarde, al que se ha enfrentado Alejandro Talavante. El toro ha tenido un gran fondo y muchas virtudes para el toreo largo y templado. Para parte del público, que Talavante cortase las dos orejas a este animal ha supuesto una estridencia alicantina.
Talavante ha iniciado la faena de rodillas, con pases cambiados también de rodillas, en un arranque muy espectacular. Después ha toreado a distancia, con trazo largo y mano baja. Por la diestra ha pulseado mejor el recorrido del toro; al natural, el conjunto ha resultado más agitado.
En lugar de explotar del todo el fondo de Revolucionario, Talavante ha buscado pronto el arrimón. Ha optado por meterse en el costillar del toro, acortando las distancias. Esa decisión ha provocado que el animal, lógico, se pusiera más incómodo a la hora de entrar a matar.
Con prisas, Talavante ha dejado una estocada que ha hecho guardia y que ha obligado a usar el descabello. Pese a esa ejecución deficiente y a una faena considerada a medio gas, el palco ha concedido dos orejas, lo que muchos aficionados han interpretado como un despropósito y un síntoma de falta de autoridad.
Además, la presidencia no ha concedido la vuelta al ruedo a Revolucionario, pese a su gran fondo, lo que parte de la afición ha vivido como un déficit grave de sensibilidad taurina. En conjunto, las dos orejas han sido vistas por numerosos asistentes como un flaco favor al prestigio de la plaza de Alicante.
En el segundo de la tarde, Comunero, un puyazo demasiado fuerte ha mermado la estupenda clase del toro. Aun así, Talavante lo ha afianzado sin apreturas. Por la mano derecha el animal se ha deslizado mejor, llegando incluso a labrar algún surco en la arena por la profundidad de las embestidas.
El papel de Juan Ortega
Juan Ortega ha cerrado la terna con un lote de buen fondo, aunque no ha terminado de redondear sus faenas. A su primer toro lo ha veroniqueado con apretura y buen aire, pero la labor con la muleta se ha desdibujado.
La faena se ha amontonado por varios enganchones, lo que ha impedido que cuajara la obra. El sexto, de seria expresión, también ha aportado temple y posibilidades, pero las ideas del sevillano se han diluido con estrépito.
Lo más destacado de Ortega ha sido su esfuerzo y pureza en la suerte suprema. Ha matado muy bien al sexto al segundo intento, lo que le ha valido una oreja. El balance final ha dejado la sensación de que el lote permitía mayor lucimiento.
En el capítulo de cuadrillas ha sobresalido Javier Ambel, que se ha desmonterado tras parear al quinto. Hasta el momento es el único torero de plata que ha saludado una ovación en banderillas en lo que va de feria, dato que subraya el nivel de su actuación.
Más allá de trofeos y polémicas, la quinta de abono de la Feria de Hogueras de Alicante ha mostrado el potencial ganadero de Santiago Domecq y ha confirmado el momento artístico de Morante de la Puebla, cuya tarde ha quedado por encima del reparto final de orejas.







