Las lluvias torrenciales que han castigado en la última semana gran parte del este peninsular han dejado cuatro muertos, dos desaparecidos, rescates, colegios cerrados y graves inundaciones desde Cataluña hasta Murcia, en un episodio extremo ligado al cambio climático, la morfología del territorio y el clima mediterráneo con el que, según expertos, la sociedad se tiene que acostumbrar a convivir, pero con mucha más seguridad.
El litoral y el prelitoral mediterráneo, desde Cataluña hasta Murcia y parte de Andalucía, junto a zonas de Castilla-La Mancha, han vivido un episodio inédito de precipitaciones continuadas. En algunas áreas se han superado los 300 litros por metro cuadrado y el sur de Tarragona ha resultado la zona más afectada.
Tres de las víctimas mortales se han registrado en Cataluña, la comunidad más castigada por este temporal, y la cuarta en Castilla-La Mancha, en el municipio albaceteño de Madrigueras. En esta localidad se han realizado 90 rescates y el Consejo de Gobierno castellanomanchego ha aprobado solicitar la declaración de zona catastrófica para los municipios perjudicados.
En la Comunitat Valenciana se han producido acumulados de hasta 140 litros por metro cuadrado en el litoral de Castellón. Más de 400.000 alumnos han visto suspendidas sus clases en toda la región por seguridad ante el episodio de lluvias extremas.
En la Región de Murcia los pluviómetros han llegado a registrar más de 100 litros por metro cuadrado. Las autoridades han suspendido la actividad en varios centros educativos por el riesgo de inundaciones y problemas de acceso.
También zonas de Almería, Granada y Jaén han sufrido las consecuencias de estas lluvias torrenciales, con incidencias en carreteras, acumulaciones de agua y daños en infraestructuras.
Lluvias extremas y cambio climático
Las inundaciones y tormentas intensas de estos días se enmarcan en un contexto de clima mediterráneo cada vez más cálido. Expertos consultados vinculan este tipo de episodios a un cóctel de factores: el calentamiento global, la forma del territorio y la propia dinámica atmosférica del Mediterráneo.
‘Las lluvias torrenciales forman parte del clima mediterráneo, pero el calentamiento puede agravar las precipitaciones extremas. Para adaptarnos, hay que incorporar este riesgo a la manera en que planificamos el territorio, diseñamos las infraestructuras y organizamos la respuesta a las emergencias’, explica la directora ejecutiva de la Cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático de la Universidad Pompeu Fabra, Alba Bala.
Bala considera que este escenario obliga a revisar de forma sistemática los puntos vulnerables donde se concentran daños. A su juicio, es clave disponer de alertas comprensibles, asegurar que la población sepa cómo actuar y proteger y recuperar espacios capaces de retener agua y reducir los impactos de las inundaciones.
‘Tenemos que prepararnos para convivir con estos fenómenos con más seguridad. Convivir con ellos no debería significar asumir que los daños son inevitables’, subraya.
La experta insiste en que ‘el cambio climático ya es una realidad’. Sin embargo, matiza que hay que distinguir entre esa evidencia global y la atribución de un episodio concreto. Una lluvia torrencial, por sí sola, no demuestra el cambio climático, aunque encaje en la tendencia a fenómenos más intensos.
‘Lo que sí sabemos es que una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua y, cuando se dan las condiciones meteorológicas adecuadas, esto puede intensificar las precipitaciones’, añade Bala.
En las Terres de l’Ebre, una de las zonas más castigadas por el temporal reciente, se combinan ‘varios ingredientes’ que favorecen las lluvias torrenciales. ‘El Mediterráneo aporta humedad y, especialmente después del verano, puede alimentar las tormentas. Cuando esta entrada de aire húmedo coincide con una situación atmosférica inestable, pueden producirse lluvias muy intensas‘, explica.
La cercanía entre la cordillera prelitoral y el mar también influye de forma decisiva en estos episodios hidrológicos violentos y extremos. Esta configuración resulta especialmente crítica cuando se dan vientos muy húmedos y aire frío en altura, precisa Joaquim Roset, ingeniero geólogo y profesor de la Universitat Rovira i Virgili (URV).
Problemas de movilidad y urbanismo
Uno de los efectos más visibles de las lluvias torrenciales son los problemas de movilidad. Las acumulaciones de agua en calzadas y túneles, y la caída de objetos a la vía, generan un riesgo elevado para conductores y peatones y complican los trabajos de emergencia.
‘La solución pasaría por devolver a los barrancos y torrentes su forma natural o bien disminuir el caudal que llegue aguas abajo, donde se encuentran las infraestructuras. Una de las formas de disminuir el caudal sería la construcción de balsas de laminación o balsas pulmón’, plantea Roset.
El ingeniero destaca que ‘no es necesario hacer renovaciones profundas, sino identificar los puntos críticos y sensibles para aplicar soluciones’. Según detalla, se trata de localizar tramos especialmente vulnerables, como pasos inferiores o zonas urbanizadas sobre antiguos cauces.
En su opinión, las casas, edificaciones e infraestructuras ya están construidas y condicionan las opciones. Por ello, ‘habría que corregir o modificar los puntos críticos y más sensibles y saber convivir con este riesgo‘, apunta.
‘ Si se puede saber que una zona es inundable, habrá que actuar en consecuencia: no construir sótanos, ubicar la zona habitable en la primera planta’, detalla Roset, que reclama integrar estos criterios en la normativa urbanística.
La importancia de los avisos y la pedagogía
Roset cree que es necesaria una mayor pedagogía pública sobre los riesgos de cada zona. ‘Protección Civil ya está haciendo este trabajo mediante los avisos (Es-Alert vía móvil), que deben servir para autoprotegernos’, señala.
La catedrática de Física de la Atmósfera de la Universitat de Barcelona (UB) Carme Llasat coincide en la relevancia de estos sistemas. Considera que las alertas son realmente necesarias, sobre todo para salvar vidas humanas en episodios repentinos.
Llasat insiste en que la comunicación es ‘fundamental’ e implica ‘conocer el mensaje y poder llegar a todo el mundo’. ‘Esto requiere que todos, incluidos los medios de comunicación, hagamos un esfuerzo para transmitir, de forma preventiva, qué significan los avisos y las predicciones y qué comportamiento implican, y también en tiempo real para dar una respuesta rápida por parte de la población’, afirma.
Las herramientas para prever fenómenos meteorológicos han avanzado con nuevos modelos, radares y satélites. Aun así, los expertos recuerdan que todavía no es posible lograr ‘una predicción perfecta’.
‘Existe un comportamiento caótico en la propia atmósfera que, por mucho que avance la informática, siempre dejará una parte de incertidumbre’, concluye Llasat, que reclama asumir ese margen y reforzar la cultura de prevención ante temporales como el vivido estos días.



