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viernes, 7 octubre 2022

Un estudio pionero de la UA en Orihuela trata de prever terremotos y DANAS en ciudades

Una decena de profesores inician una investigación sin precedentes en España por la que podría alertar a emergencias días antes de daños en ciudades.

Desarrollar una metodología capaz de anticiparse a los daños de terremotos y fenómenos meteorológicos extremos, como fuertes lluvias con inundaciones, es la meta que se han marcado una decena de profesores de la Universidad de Alicante junto a una colega de la Universidad Politécnica de València. La investigación que se ha presentado este viernes 16 de septiembre se desarrollará en Orihuela de manera experimental durante los próximos tres años.

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La idea es implantar una treintena de sensores sísmicos en esta ciudad y analizar una serie de parámetros para configurar una metodología que permita prever la magnitud de una catástrofe natural. Esta incluso podría diferenciar la afectación en distintas zonas del municipio y ofrecer datos a los servicios de emergencias para su toma de decisiones.

«Nosotros nunca vamos a predecir que va a ocurrir algo. Eso es imposible actualmente ahora. Nosotros lo que sí que podemos hacer es establecer como una especie de indicadores igual que tú por la mañana dices, bueno, me levanto por la mañana y dices, la probabilidad de que llueva es del 50%, pues cojo el paraguas o no lo cojo. Nosotros podemos intentar algo similar con respecto a la probabilidad de ocurrencia de terremotos. No quiere decir que vaya a ocurrir, sino que los indicadores que estamos obteniendo nos dicen que la probabilidad de que, a lo mejor en cuestión de semanas o en cuestión de días, ocurra un terremoto mayor de una determinada magnitud», explica el investigador principal y profesor de la Universidad de Alicante, Sergio Molina. 

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La iniciativa pone el foco además en la protección del patrimonio histórico al recoger información que permitiría tomar medidas con antelación para proteger daños en edificios. Por este motivo se instalarán sensores en edificios singulares de Orihuela, comenzando por el Colegio de Santo Domingo. Es una actuación que se está investigando de manera similar en Italia, país con un alto índice de construcciones de alto valor patrimonial, y donde en 2016 un sismo en Amatrice dejó 296 víctimas mortales y 388 heridos y en 20 en L’Aquila 309 muertos, 1.600 heridos y alrededor de 16.500 edificios dañados.

En este país, «han empezado ya a aplicar metodologías una vez que ha ocurrido el terremoto, claro, porque no estaba preparado antes y han comprobado que si lo hubieran utilizado en ese momento sí que les hubiera dado un indicador que hubiera permitido, por ejemplo, activar una evacuación«, asevera Sergio Molina. 

«Aquí en España somos los primeros que estamos sensorizando de esta forma un municipio e intentando poner en marcha también este tipo de acciones», avanza el investigador. E indica que los sensores recogerán información en tiempo real y el objetivo es que al finalizar los tres años, «desde el punto de vista de antes de que ocurra el terremoto, es activar una preemergencia que te permite ya más o menos avisar a los recursos para que estén preparados por si acaso». Porque la dificultad en la gestión de una emergencia «es tomar decisiones que estén bien informadas».

En función de cómo evolucione el método que aplicarán los investigadores y cómo sean los resultados que obtengan «a lo mejor yo puedo decirle a Protección Civil o a un alcalde de un municipio: Oye, la probabilidad de que tengas edificios que van a colapsar por un terremoto esta semana ha pasado de un 5% a un 50%. Y el distrito que tiene más probabilidad de que sufra daños, puede ser este. Entonces, a lo mejor él puede tomar una decisión de decir, bueno, pues a lo mejor vamos a intentar evacuar algún determinado edificio que sea muy sensible, por si acaso».

Esta investigación financiada por el Ministerio de Ciencia e Innovación es continuación de otra investigación europea en la que los investigadores de la UA en colaboración con otros de distintos países trabajaron con los sensores de bajo coste que ahora colocarán en la ciudad para desarrollar probabilidades semanales y diarias de alertas de catástrofes. Estos tienen un precio aproximado de unos 700 euros en comparación con los empleados en las estaciones de la red sísmica, que cuestan en torno a 6.000 o 7.000 euros.

Estas estaciones de la red se instalan en sitios idóneos para la detección de actividad sísmica pero no tiene por qué ser en una ciudad, puede ser en el campo. «Lo que queremos hacer es llevarlo hasta la ciudad porque lo que nos interesa es saber cómo se va a mover el suelo en la ciudad en tiempo real. Claro, eso no te lo va a dar una estación en el campo, si yo tengo un sensor puesto en la base de un edificio cuando llega la onda sísmica me dice como se está moviendo, y si tengo otro puesto en el techo del edificio me va a dar información sobre el comportamiento dinámico del edificio. Y entonces lo mismo puedo decir el grado de daño que tiene el edificio. Esa es la diferencia. Cuando sensorizas una ciudad entonces te vas a preocupar sobre todo del impacto que va a tener el terremoto en esa ciudad». 

En líneas generales, el equipo comenzará su trabajo con la implantación de los sensores y la búsqueda de la metodología que permita un pronóstico temprano de la catástrofe y una alerta rápida. Posteriormente, se perfilará un mapeado de previsión rápida de daños en los edificios. Y, en última fase, se trabajará en coordinación con los servicios de emergencias para definir un formato, metodologías y protocolos para que puedan tomar decisiones e informar a la ciudadanía con la mayor antelación posible.

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