Algo que distingue a los estudios superiores de los de preparatoria, son los trabajos o proyectos de investigación. Junto con los exámenes, los profesores los usarán para evaluar tus conocimientos, habilidades de análisis, capacidad de organización y argumentación, la calidad de información que eliges y finalmente tu nivel de redacción académica.
En este último asunto los docentes universitarios suelen ser muy escrupulosos, al punto de analizar las monografías que reciben con detectores de plagio como Just Done para asegurarse de que los estudiantes mantengan altos estándares en sus trabajos.
Es normal cometer errores que afecten la calidad de una entrega y, en consecuencia, los resultados académicos. Y no sucede necesariamente por falta de capacidad, sino debido una serie de faltas que se pueden prevenir. Si quieres anticiparte y evitar dichas equivocaciones, sigue leyendo a continuación.
1- Incomprensión del tema o consigna
Frecuentemente los estudiantes empiezan a escribir una monografía, tras una lectura rápida de las instrucciones, sin analizar la esencia de lo que deben hacer. Cómo resultado, desarrollan un contenido que no responde a la consigna, o que se desvía de su tema principal. Incluso podrían quedar fuera aspectos importantes a señalar.
Antes de iniciar una investigación o proyecto, debes tener muy claro lo que debes hacer. Es el primer paso para delimitar la temática y definir su propósito. También para organizar correctamente la información que implementarás.
Si omites esto, todo lo que hagas tendrá una base endeble. Así que comienza por leer atentamente las instrucciones, identifica términos clave, revisa los criterios de evaluación y realiza tantas consultas como sean necesarias al docente de la cátedra, antes de continuar.
2- Temática demasiado amplia, confusa o con delimitación escasa
Si eliges para tu trabajo un tema demasiado general, difícilmente ejecutarás un análisis profundo. Podrías llegar a conclusiones superficiales, con anuncios simples, nacidos de lugares comunes, que no impresionarán a nadie.
Un tópico mal planteado te impedirá formular preguntas específicas, hallar la información adecuada y desarrollar un enfoque apropiado. ¿Cómo puede suceder esto? Cuando eliges hablar sobre “la educación”, en lugar de un asunto importante relacionado como “el impacto de las herramientas digitales en el rendimiento académico de estudiantes universitarios durante la pandemia de 2019”, no llegarás a conclusiones relevantes.
Una alta definición del objeto de estudio te permitirá desarrollar un trabajo coherente, sólido y de alta calidad. Al delimitarlo en función del tiempo, el espacio o la población, le dará profesionalidad y una alta reputación académica.
3- Investigar con fuentes poco confiables o insuficientes
En la era del Internet es muy fácil acceder a información inmediata que ha facilitado la búsqueda de contenidos. Pero, al mismo tiempo, también ha impulsado el uso de fuentes carentes de rigor académico.
Muchos estudiantes buscan información en blogs limitados, en páginas sin autores identificados, foros o resúmenes anónimos, que distan de ser creíbles.
La consecuencia, es un trabajo de baja calidad, cuyos argumentos son inconsistentes. Esto es inadmisible si eres un estudiante universitario. Se espera que te informes con fuentes confiables como libros académicos, artículos científicos, repositorios institucionales, documentos oficiales y revistas especializadas.
Una simple reunión de información es insuficiente. Debes seleccionar material válido, completo, actualizado y que demás sea acertado. Tu educación superior debe incluir la distinción de una fuente confiable de una dudosa.
4- Limitarse a incluir información sin un análisis crítico
Una monografía no debe ser jamás una compilación de datos o de definiciones sin sentido. El valor académico está íntimamente relacionado con la comparación, organización y argumentación, a partir de la información acumulada.
Si lo único que haces es proveer fragmentos de otras fuentes, sin exponer ninguna reflexión, conexión lógica o punto de vista, no le aportaras al trabajo ninguna profundidad. Lo único que conseguirás será una exposición mecánica y nula.
Tienes que dar cuenta de que has investigado. Es decir, de que comprendiste lo leído, que identificas las ideas principales, de que estableces relaciones y construyes una postura respaldada.
Debe ser capaz de proveer un análisis crítico y no un resumen desordenado.
5- Copiar sin citar correctamente
Para muchos profesores, esto es sinónimo de plagio. Los motiva con frecuencia a usar detectores como el de Just Done y juzgar el trabajo a partir de lo que este le señale.
Si haces esto, posiblemente sea por desconocer que citar es una norma, pero te expones a que se vea como una falta intencional. Cualquiera sea el caso podrías tener consecuencias indeseables.
Al presentar ideas, frases o datos ajenos, estarás vulnerando la ética académica más básica y, en consecuencia, podrías ser sancionado. En ocasiones los estudiantes creen que cambiar algunas palabras puede evitar el plagio.
Dejan de lado el hecho de que, si toman una idea de otro autor, deben citar su origen mediante un formato puntual o referencia.
Es importante que conozcas y apliques las normas para hacer esto conocidas como APA, MLA o Vancouver. O en su defecto la que prefiera el docente o institución.
6- Improvisar la estructura del trabajo
Una investigación en un ámbito de estudios superiores tiene que seguir un formato organizado y académico. De lo contrario es un trabajo endeble, nada digno de un futuro profesional.
Con frecuencia, los mismos profesores son los que proveen el lineamiento a seguir. Si ese es el caso, deberás adaptar tu investigación al formato que establezca hasta en el más mínimo detalle.
Pero de no ser así, debes estipularlo tú mismo de acuerdo con el tipo de trabajo. Porque a pesar de que los hemos nombrado en forma indistinta, no son todos iguales.
De hecho, se trata de los siguientes:
- Ensayo académico: tiene como objetivo principal desarrollar una postura. Es decir, un punto de vista, para demostrar que es cierta. Con ese fin se recurre a argumentos e información fidedigna. También a una reflexión final.
- Monografía: es aquella en la que se profundiza en un tema específico, tomando como base información real.
- Informe: es aquel en el que se exponen datos, descripciones, lecturas, prácticas e investigaciones para realizar un análisis profundo de una temática.
- Proyecto de investigación: comienza con el planteo de un problema, afirma el objetivo al que desea llegar, justifica con información, establece un marco teórico y desarrolla una metodología.
- Artículo académico: es un texto breve y riguroso, con fines informativos, como lo son las publicaciones científicas.
- Reseña crítica: establece el valor de una obra ya sea pictórica, cinematográfica o literaria, mediante un análisis imparcial.
- Estudio de caso: es el análisis y exposición de una problemática en particular, con la finalidad de interpretarla y proponer una solución.
- Tesis o tesina: es un trabajo de investigación extenso, que consta de varias etapas, que generalmente se presenta al final de una carrera.
Por lo tanto, dependiendo del trabajo que estés desarrollando, corresponderá que desarrolles un formato en particular. Asegúrate de seguir el que mejor se ajuste a tu caso.
7- Redactar con poca claridad, informalidad o descuido lingüístico
En este caso se suelen incurrir en dos errores opuestos, pero igualmente incorrectos. El que posiblemente sea el más común es el de expresarse de manera pobre e insuficiente.
El otro, consiste en el uso de palabras rimbombantes, complicadas y estrafalarias, empleadas con la intención de impresionar. No sólo suenan mal, sino que con frecuencia se las emplea inadecuadamente.
Debes esforzarte por no caer en la carencia o en el exceso de vocabulario. Al redactar debes concentrarte en ser descriptivo y explicar correctamente tus ideas. Emplea las palabras adecuadas y asegúrate de que estén correctamente escritas. Ante todo, combate todo error ortográfico o sintáctico.
Emplea las puntuaciones correctamente y evita expresiones informales, que pudiesen malinterpretarse.
8- No formular objetivos claros ni preguntas de investigación concretas
Un trabajo universitario debe tener una función orientadora. En otras palabras, debe tener un objetivo hacia el cual se desea arribar al final de su desarrollo. Es decir, debe indicar que espera lograr.
Que dicho objetivo no esté claro, que sea demasiado generalizado o que no tenga que ver con el contenido, es más que suficiente para que carezca de dirección.
Algo similar ocurre con una investigación que no tenga planteada la pregunta correcta. Si esto sucede, su desarrollo se dispersa y pierde su enfoque.
Además, dichos objetivos tienen que ser realistas, comprobables y coherentes con la temática y el curso.
Debes establecerlos debidamente desde el inicio para que la información que se desarrolles sea relevante, sin desviaciones o giros innecesarios.

Conclusión
Otro aspecto importante para tener éxito es revisarlo al menos dos veces antes de entregárselo al docente. Aprovecha para corregir errores de contenido, redacción o de estructura.
Para que esto sea posible, evita dejar todo para el último momento. Un trabajo final es importante, vale la pena que te adelantes tanto como puedas, para retocarlo o realizarle ajustes definitivos.
Tampoco ignores detalles de formato que se hayan indicado previamente, como el tipo de letra, interlineado, numeración, extensión o sistema de referencias. Respeta todo detalles de este tipo previamente establecido por el docente de la cátedra.
Cuando se trata de tu desempeño académico, todo cuenta. Así que asegúrate de que lo que entregues esté completo y que refleje tus conocimientos, tu capacidad de análisis y todo el tiempo que le has dedicado.


