Comentario de “Cuentos y relatos” de Carlos Bermejo

Un libro recomendado que deja huella y testimonio por sus crónica, porque eso sí tiene Carlos, muchas vivencias y una excelente y rica memoria.

PublicidadJuega Limpio Orihuela

He leído un libro delicioso de 222 páginas editado en Letrame que lleva en el lomo la horma de “Cuentos y relatos” de Carlos Bermejo, una miscelánea de temas varios, como anuncia el título, más una recopilación de crónicas, presentaciones  y entrevistas a pintores residentes en Alicante, que hizo Carlos Bermejo a varios de ellos en la Asociación de Artista Alicantinos cuando era secretario de este asociación tan emblemática.

Los pintores/as presentados son: Maryla Dabrowska, José Antonio del Rey “Jaro”,  Maria Teresa Ruiz Muñoz, María Jesús Rodríguez Marín, Ana Sevillano, Jerónimo Pérez Navarro, Juan Antonio Poblador, Ángela Galdón, Francisco García “Fragar”, María Elena Martínez López “Elena de la Romana”, María Dolores Barbeyto, Ramón Rodríguez y María Amérigo. Vidas y obras interesantísimas, breves biografías que son dignas de ser leídas, lo que demuestra que Carlos fue, además de marino militar, un periodista entusiasta y altruista, de los que tomaban notas a bolígrafo en una libreta y componía un reportaje en un santiamén.

Publicidad

–Sabes una cosa Ramón –me ha afirmó en varias ocasiones– las noticias tiene un tiempo de caducidad y han de ser publicadas inmediatamente.

Efectivamente, las noticas son aves de paso, las que no se cazan, vuelan, o te la revienta otro listillo. Tampoco se olvida Carlos de aquel pintor ruso, gran retratista, como Vladimir Rodianov, gran persona y mejor pintor, que pasaba temporadas en Alicante, alejado de los fríos de los témpanos del Volga, y cuando se le acababa el visado, volvía a la Rusia de aquellos pintores como Ilya Shiskin, Serov, o Iván Shiskin para residir otros tres meses. Mi hijo David fue retratado al óleo por Vladimir.

Los relatos contienen intriga como “La visita del ladrón” escrito con un realismo creíble, propio de su rica pluma (llamémosle hoy procesador de textos), de un escritor, hecho a sí mismo que ha leído a los grandes escritores rusos como a Tolstoi, el de Guerra y Paz (¡menudo tocho!), Fíodor Dostoyeski, el de Idiota, George Steine, Navokov, el de Lolita; es decir, a los clásicos y grandes de la Literatura Universal, de donde ha aprendido la magia del relato, su intríngulis, diría, para no aburrir al lector y encima documentarle sobre arte y literatura, y de la experiencia de la vida, y sobre todo, pisando la memoria en Molina de Segura (que Carlos llama: El pequeño Vaticano) que es su pueblo de nacimiento o cuna de natalidad, católico y romano, hijo de un sastre con una gran descendencia.

“Cuentos y relatos” es libro ameno y recomendado, que deja huella y testimonio de sus vivencias, porque eso sí tiene Carlos, abundantes trabajos literarios, vivencias aprovechables, que no matraca, como se suele decir en sentido figurado «de dar la tabarra» con este instrumento de la familia de los idiófonos. Algún día, a Carlos Bermejo le pondrán una calle o el nombre de algún Instituto, en tu pueblo Vaticano (y tú que lo veas), como la tiene tu cuñado el escritor alicantino de Rojales, Salvador García Aguilar, premio Nadal de novela de 1983 por “Regocijo en el hombre” (1984), novela compleja ambientada en el mundo vikingo anglosajón. Sin duda alguna digna de tan prestigioso premio.

Uno va leyendo con el inequívoco temor de que se te acaben las páginas del “Cuentos y relatos” como si se acabara de un pastel casero, de lo que hace Loli su mujer, de los relleno de cabello de ángel (¡qué metáfora tan acertada para un melón confitado!) rebozado con chocolate, esa crema vegetal maldita, que dicen que es diabólica para el colesterol pero que a todos nos gusta (y nadie se pone de acuerdo sobre sus beneficios como antidepresivo), porque todo aquello que está bueno debe ser pecado, o es pecado porque está bueno. Recuerdo comer chocolate en su casa, en la torre, en su refugio vigía, donde tiene como “Don Quijote” sus libros de caballería, novelas pastoriles y otras. El estudio de pintura lo tiene en la buhardilla.

No faltan en “Cuentos y relatos” referencias a una prólogo que le hizo a la poeta vallisoletana Pilar Galán, cuando poetizó al gran pintor impresionista valenciano Joaquín Sorolla, poemario del que Carlos le escribió el prólogo con todo detalle de la biografía de este maestro del pincel, de quien son famosas, además de sus cuadros impresionistas e impresionantes, como sus cartas a su mujer Clotilde, de cuando estuvo en Alicante ciudad allá por 1919 para pintar un cuadro en el Palmeral de San Gabriel, ayudado por su alumno Emilio Valera Isabel (de segundo apellido); cuadro que acabó llamándose “El Palmeral de Elche” para la colección Hispanic Society de Nueva York, del filántropo y magnate Huntington. Como a Pilar Galán le emocionó una conferencia de Carlos que diera sobre: “Sorolla, Zorn y Kroyer: Vidas paralelas” a la que tuve el placer de asistir, y que recuerdo perfectamente, ella le pido un prólogo y éste, sin dudarlo se lo hizo para “Sorolla, biografía poética del pintor de la luz”.

El primero de los relatos cortos es digno del mejor Jorge Luis Borjes, que finalizan con una incógnita, el personaje es a la vez el narrador que sufre una caída en la escalera, pero quizás lo más interesante el tratamiento del tiempo de la narración y el tiempo pasado y presente, que maneja muy bien. Otros relatos son en realidad crónicas que Bermejo tenía en su escritorio y las ha publicado para que no sean celulosa para las polillas o cobre derretido en el disco duro.

Bermejo ya nos deleitó con dos libros anteriores “Historias de yo” y “Carola Montes quiere ser tu amiga en Facebook”, del primero tuve oportunidad de leerlo y escribir un largo comentario, donde ya le dije que, a los lectores nos gusta lo humano y lo cotidiano, que no sean entelequias literarias que nadie entiende, porque era como una autobiografía. “Carlota Montes…” es una novelas sobre una romántica historia de amor, y punto. Porque para escribir hay que haber vivido, y no solo «suma de año»  sino experiencias, que Carlos puede contarnos muchas, y que además de ser amigo mío, y erudito en muchas materias del saber empírico, es contertuliano en las secciones de arte en el Centro de Arte de Alicante.

Ramón Palmeral.

Publicidad