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viernes, febrero 27, 2026

Combatir la soledad y la falta de vivienda: À Punt aborda la convivencia intergeneracional en ‘La clau per a viure’

El programa analiza este sábado a las 19:50 los beneficios, los riesgos y las condiciones para que compartir piso entre mayores y jóvenes sea seguro y legal

La soledad no deseada y la dificultad de acceso a una vivienda digna se han convertido en dos problemas cada vez más visibles. Cuando se cruzan, también abren la puerta a nuevas fórmulas de convivencia que buscan dar respuesta a ambas realidades. En esa línea, el programa La clau per a viure (À Punt) dedica su próxima entrega a la convivencia intergeneracional como posible alternativa para personas mayores que viven solas y jóvenes con problemas para encontrar alquiler.

El espacio, presentado por María Domínguez y Lluís Cascant, se emite este sábado a las 19:50 horas y plantea una mirada práctica sobre cómo pueden construirse acuerdos de convivencia basados en la compañía, el respeto y el apoyo mutuo, siempre dentro de un marco seguro y legal.

A través de casos reales, el programa pone el foco en los factores que convierten estas experiencias en una solución viable, y también en los riesgos que conviene anticipar para evitar situaciones de vulnerabilidad o conflictos.

Casos reales: cuidados o compañía a cambio de techo

Uno de los relatos que se presentan es el de Lucía y su hijo Sebastián. Según se expone en el programa, Lucía, madre soltera y migrante, ha perdido su vivienda y se ha visto obligada a separarse temporalmente de su hijo. Ante la falta de alternativas, decide publicar un anuncio en el que ofrece cuidados y compañía a una persona mayor a cambio de un lugar donde vivir.

La historia sitúa sobre la mesa el impacto emocional de la precariedad residencial y las dificultades para sostener una estabilidad familiar cuando el mercado del alquiler se vuelve inaccesible para parte de la población.

En contraste, el programa muestra un ejemplo de convivencia consolidada: Carmen, enfermera jubilada de 83 años, y Ana, estudiante de 21 años. Carmen vive sola en València y mantiene una vida activa, pero el silencio en casa se hace cada vez más presente. Ana, llegada de Ecuador, no encuentra estabilidad en pisos compartidos. A través de un programa mediado de convivencia, ambas se conocen, pasan un periodo de prueba y formalizan un acuerdo: Ana no paga alquiler, pero ofrece compañía y ayuda en tareas básicas. Con el tiempo, lo que empezó como un pacto práctico ha evolucionado hacia un vínculo estrecho.

El capítulo también plantea qué elementos son clave para que estos acuerdos funcionen: desde la claridad en las condiciones iniciales hasta la necesidad de contar con acompañamiento profesional cuando la convivencia requiere mediación.

En la mesa de análisis participan la trabajadora social Claudia Pérez y el psicólogo clínico Paco Hernández Solera, que aportan claves sobre los beneficios emocionales de este modelo, los riesgos que hay que prevenir y las condiciones necesarias para que la convivencia resulte beneficiosa para ambas partes.


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