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Noticias de Alicante y provincia

jueves, 6 octubre 2022

Socorristas casuales y anónimos

Un grupo de bañistas y un operario de la contrata municipal de limpieza de Alicante salvan la vida de un joven en una cala de la capital sin socorristas

El pasado domingo 21 de agosto un grupo de personas se convertían en nuevos héroes con rostros anónimos al salvar a un joven que se estaba ahogando en la Cala de Las Palmeras, del Cabo de las Huertas de Alicante. El hombre de unos 25 años, según los testigos, aparentemente se golpeó la cabeza contra unas rocas mientras nadaba, y estaba flotando boca abajo insconsciente. Su hermana dio la voz de auxilio y unos jóvenes se lanzaron rápido a por el, ya que en esta zona no hay servicio de socorrismo. No sin dificultad consiguieron sacarle del agua y una vez fuera un empleado de la contrata de limpieza municipal de Alicante que se encontraba de servicio le practicaba una técnica de reanimación cardiopulmonar (RCP) y lograba devolverle el pulso y la consciencia.

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Una hazaña grupal que pone de manifiesto, una vez más, la necesidad de tener conocimientos de primeros auxilios, ya que nunca se sabe con qué te puedes encontrar, opina Carlos Herrerías, empleado de la contrata, y uno de los héroes del pasado domingo.

Carlos Herrerías ha explicado a Diario de Alicante que se encontraba realizando el servicio de vaciado de papeleras durante la tarde en la Cala cuando escuchó los gritos de una joven que gritaba: «¡Mi hermano, que se ahoga, ayuda!» Cuando miró hacia el agua lo primero que vio era un cuerpo flotando boca abajo con los brazos abiertos. «Mi primera impresión era que el agua estaba arrastrando un cuerpo sin vida». Inmediatamente un grupo de personas se lanzó al agua y pudieron sacarle y arrimarle a las rocas.

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Este héroe casual residente en El Campello, al igual que quienes se lanzaron al agua, actuó rápido sin pensarlo un minuto. «Lo cogimos entre los que estábamos fuera del agua. Lo pusimos en el suelo y yo me encargué de que no tuviera la lengua obstruyéndole ninguna vía respiratoria. Así empecé a hacerle la reanimación de las 3 compresiones en el pecho. Fueron suficientes. A la tercera tiró agua por la boca y empezó a tener convulsiones. Entonces empezó a recuperar el pulso y la respiración. Lo puse de lado en la postura de seguridad». Así describe cómo salvó la vida del joven. «A partir de ahí ya empezaba a tirar el agua que había tragado, a toser y a tirar el agua. Ya estaba recuperándose aunque no atendía a las preguntas».

El mar prácticamente había ahogado al joven. «Cuando le tomé el pulso, no tenía pulso, no respiraba. Estaba en parada cardiorrespiratoria». Su cabeza estaba además totalmente amoratada. Así, la rapidez para actuar fue determinante para salvarle. Y Carlos reconoce que la pregunta que le están haciendo familiares y amigos es: «¿Qué hubiera pasado si no hubieras estado ahí?«. También los jóvenes que le sacaron del agua se la jugaron, fueron los héroes, responde él. Y cuenta que no era fácil sacar un peso muerto, cerca de las rocas y con olas.

Al lugar se acercó también un bañista que era enfermero y dio instrucciones para inmovilizar la cabeza al joven así como reconocer y tratar la herida sangrante del cráneo, gracias al botiquín que llevaba el operario de limpieza en el vehículo de empresa. Momentos después llegó la Policía Local y al cabo de menos de 20 minutos según él recuerda, un SAMU. También acudieron socorristas de la Playa de San Juan, los Bomberos e incluso la Policía Nacional.

Los sanitarios del SAMU trasladaron al hospital al joven tras 30 minutos atendiéndole. Lograron que se sentara por si mismo, pero aún estaba visiblemente aturdido.

Primeros auxilios que salvan vidas

Carlos Herrerías va a proponer a la empresa que hagan un curso de primeros auxilios para los empleados que lo deseen y señala que no es la primera vez que un compañero se encuentra en esta situación. La última vez que recuerda, hace dos años en San Gabriel una pareja mayor no podía salir del agua y un compañero les rescató.

Como dato anecdótico, Carlos Herrerías es expresidente del AMPA del IES Enric Valor de El Campello. Aprendió las técnicas de RCP, en un curso al comprar la asociación un desfibrilador para el instituto. En el centro había algunos niños con cardiopatías y «no me gustaría tener, mientras que soy presidente, ningún tipo de desgracia sabiendo que existe un aparato que sirve precisamente para salvar vidas». Sin embargo, los padres y madres lo tuvieron que costear de su bolsillo porque «las instituciones públicas me escucharon… pero ni me escucharon». «La normativa dice que los centros educativos con menos de 1.500 personas contando con docentes, alumnado y empleados del centro ya están olvidados». Él considera que esto es discriminatorio para los municipios del interior. «A ver qué municipio del interior tiene un colegio con 1.500 alumnos. Y si a eso le añadimos que no tienen hospitales cercanos… Se mueren».

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