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Los ayuntamientos deben incorporar políticas en responsabilidad animal

Esther Esquembre, concejala de Políticas Animalistas de Villena, recalca la importancia de la implicación de las instituciones en materia de protección animal.

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Iniciado el año 2021 y tras sufrir este último año de pandemia, es necesario que nos paremos a reflexionar y a posicionarnos, si aún más cabe, en cómo debemos continuar los años venideros en base a nuestra relación con la naturaleza y con el resto de seres vivos.

En España el movimiento por la defensa de los animales y el pensamiento por una ética animal ha realizado un largo recorrido en estos últimos 50 años. Miles de asociaciones de protección animal vertebran todo el territorio estatal cuya función principal es la de recoger, proteger y defender a los cientos de miles de animales abandonados anualmente de cualquier especie (perros, gatos, exóticos, silvestres, domésticos..etc), tirados a las calles, matados, torturados… El ámbito académico acoge a científicos, filósofos y juristas que exponen argumentos teóricos y científicos cada vez más sólidos para justificar la necesidad de una respuesta social al trato indigno que damos a los animales y a la naturaleza.

La ciencia y la sociología se unen para dar una advertencia: no podemos continuar con este modo de vida tal cual la conocemos en la actualidad, no podemos seguir considerando al resto de seres como pañuelos de papel, de usar, estrujar y tirar.

La transformación para sobrevivir a un futuro colapso socio-económico no pasa solo por el mero cambio de conductas como reciclar el plástico que recogemos en nuestros hogares. Tenemos que dar un paso más allá. Ha llegado el momento de activar un cambio de mentalidad e iniciar una nueva etapa. Se trata de apostar por poner en práctica los modelos sociales de convivencia y de interrelación que se definen en los marcos teóricos expuestos en estos últimos años.

Parte de la solución al declive previsible de nuestra civilización pasa por cuestionar sus bases antropocéntricas y cambiar el paradigma dominante fundado en la idea de “supremacismo de especie”. Se trata de un cambio de visión que, no obstante, se inspira en aquellos modelos de convivencia positiva entre los propios seres humanos.

Los humanos, en nuestro proceso evolutivo, hemos creado sociedades con estructuras que permiten mantenernos como animales sociales que somos a través de unas creencias que conforman la forma de vivir y de interrelacionarnos con la naturaleza y con los otros seres humanos. Por ello, si queremos modificar nuestro paradigma dominante (antropocéntrico) hacia uno ecocéntrico, biocéntrico o sensocéntrico, debemos actuar desde nuestras propias estructuras para que se impregne y alcance a nuestras propias creencias y se transformen y se orienten a una forma de interrelacionarnos con los otros animales de una manera justa y ética. Transformar la forma de ver el mundo, de sentir, de pensar, de mirar, de divertir y, de amar, solo puede ser desde nosotros mismos.

En los últimos tiempos nuestra democracia, el “municipalismo” y la “gobernanza local”, se han erigido como prácticas de quehacer político desde lo cercano, intensificando la proximidad de la ciudadanía a las instituciones públicas y políticas. Justamente es a través de las “políticas públicas” de nuestras administraciones desde donde podemos conseguir que nuestra sociedad humana sea consciente de su interdependencia con el planeta y el resto de seres vivos que cohabitan en nuestra misma casa y que son nuestra familia. Esta visión se hace consigna ético-política: debemos relacionarnos de manera compasiva y justa con todo ser sintiente. Por tanto, es ineludible, conformar una política desde donde se decide sobre la vida en su totalidad; el cómo, cuándo y dónde. Se trata de hacer penetrar esta idea dentro de las estructuras de toma de decisiones y ejercicio del poder; y con las mismas estrategias, recursos y metodologías, incorporar este paradigma. Una visión del mundo en donde los animales adquieran representación moral y en donde el municipio sea el lugar adecuado para trabajar de una manera más cercana y efectiva la protección y defensa animal. Se trata de ir implantando un modelo normativo para poder otorgar el estatus de ciudadanía a los animales. En definitiva, se trata de iniciar una transformación social e implementar una nueva forma de relacionarse la ciudadanía con los seres vivos de su entorno por la que las administraciones asuman dentro de sus propias agendas esta trasformación de manera sostenible.

Es importante incluir dentro de los proyectos públicos un discurso alternativo dando relevancia a los problemas que aquejan los ecosistemas, la flora y la fauna de los municipios del Estado Español, o lo que recientemente se conoce como One Health. Pero esta idea surge con afán integral y conciliadora, se trata de trazar un puente claro entre las causas, los enfoques, los logros y los obstáculos, cuya incidencia no solo repercute en el bienestar de los animales objeto de estos programas, sino en la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, la salud ambiental y la forma de relacionarse con la naturaleza.

Para empezar a implementar estos enfoques, debemos crear una red de recursos en los diversos niveles de acción pública para que se puedan instaurar estas políticas. En primer lugar, deben potenciarse personas profesionales en la responsabilidad animal dentro del ámbito de la formación y la consultoría. Asesorar a técnicos funcionarios, políticos y acompañar al desarrollo de las Políticas Públicas Municipales en Protección Animal (PPMPA) en el lenguaje, procedimientos y tiempos que maneja la Administración. Imitar modelos que se han aplicado desde los colectivos sociales que han profesionalizado e institucionalizado la solución a un problema. Al igual que han logrado estos colectivos incorporar a la Administración personal técnico especializado, se debe crear la figura del Agente de Protección Animal y Ambiental. Este personal funcionario debe formarse y capacitarse para aplicar las PPMPA y garantizar que las normativas existentes y futuras vayan aplicándose en el municipio. Será un gran apoyo para el tercer elemento, la persona o cargo político, que, no solo diseñará junto con los profesionales de la responsabilidad animal el Plan Estratégico Municipal y las PPMPA, sino también negociará el Plan de Acción Municipal posible dentro de su mandato. Es esperable de esta persona que introduzca un cuarto elemento: la concejalía de Políticas Animalistas, que si está creada debería dotarse de los recursos necesarios para su implantación y visualización. Además, junto a los profesionales de la responsabilidad animal, debe propiciar la formación de todo el personal técnico de la Administración incluido al Agente de Protección Animal y Ambiental. Este liderazgo político debe conducir al diseño y aprobación de aquellos protocolos en donde los animales formen parte del discurso y de la toma de decisiones, siempre con un criterio transversal y de protección de los animales y del medioambiente. Esta persona política, debe ser acompañada pero también supervisada por los agentes sociales vinculados en la protección animal con el sexto elemento, el Consejo Municipal de Protección Animal, que actuará como órgano asesor de la corporación municipal y evaluará la PPMPA. El último elemento, son las asociaciones de protección animal y medioambientales. Estas entidades deben re-cuestionarse su misión e incorporar la tendencia a la profesionalización para poder desarrollar los servicios necesarios que la Administración Local por sí misma ni puede ni debe acometer. Las asociaciones ofrecen, no solo una estructura necesaria por la red de personas voluntarias disponibles y los impactos positivos que alcanzan, sino también un código ético que las mercantiles difícilmente puede ofrecer. En este escenario deseable, las asociaciones deberán buscar formas para asumir las licitaciones de los servicios para garantizar el bienestar de los animales. Con ello pueden liberar de una carga que la administración no es propensa a asumir sensiblemente y así se podría garantizar tanto la calidad en el servicio como en el beneficio social y animal.

Es necesario que estos elementos actúen de manera conjunta. Así lograremos que los animales estén dentro del discurso político y administrativo, considerándoles agentes e individuos únicos. De esta manera, reconociéndolos como agentes de interés y de protección, conseguimos que el propio sistema los incorpore de una forma automática y que la dinámica de cambio ruede sin parar, consiguiendo la transformación que todos deseamos: una sociedad consciente de su relación de interdependencia con la naturaleza y el beneficio mutuo al reconocernos como animales que conviven y se necesitan.

Debemos, por tanto, reivindicar que los ayuntamientos ejerzan, de manera transversal, profesional y responsable, Políticas Públicas en Protección Animal como estrategia para abordar los importantes desafíos socio-ecológicos que se avecinan. Las personas que ostentan cargos políticos deben tener una mirada más allá de las demandas más llamativas, enfocadas solo a recoger a perros y gatos o a campañas de reciclaje, por ejemplo. Deben no improvisar y plantearse una mirada R3 (Responsabilidad Social, Medioambiental y Animal) a corto y largo plazo.

Podemos conseguir sociedades resilientes ante los próximos cambios medioambientales que indiscutiblemente están muy pronto por venir, pero también debemos convertirnos en sociedades empáticas, compasivas y hermanas de nuestra familia que cohabita en el mismo hogar, nuestro planeta. Aún estamos a tiempo y de nosotros depende.

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