Presentación y crónica de “el beso eléctrico”, de Mariano Sánchez Soler

El poemario “Para los que brillan con el beso eléctrico”, ECU, 2019, del poeta Mariano (perdón por la cacofonía) Sánchez Soler, escritor, poeta y sobre todo periodistas antifranquista, que yo llevaba entre el calor acogedor de mis muslos lacerados.

Juega Limpio Orihuela

A las 19.45 hora local de Alicante en el monasterio del libro (librería Pynchon&Co) de la calle Segura 22, se dio inicio a la esperada presentación del poemario Para los que brillan en el beso eléctrico de Marino Sánchez Soler, por José Antonio López Vizcaíno, gestor de la Editorial ECU, que hizo una extensa presentación del currículum del autor, luego tomó la palabra Esther Abellán que hizo un brillante análisis del libro y que, además, es la prologuista del mismo, por último tomó la palabra Mariano que expuso con toda sinceridad que los poemas no iban destinados a ser publicados, pero su editor le echó valor y se los publicó. Luego hubo un recital de poemas libro por parte de poetas amigos como José Luis Rico (y otros), que lo hicieron muy bien en una sala cúbica con reverberación de dorada piedra vista como los monasterios románicos del camino de Santiago. Mariano puede estar contento por el calor que recibió de amigos y del público cubrió todos los asientos disponibles y la zona de los pasos perdidos, o pasillos, porque los hubo hasta la bandera según l argot taurino. Alba Ruiz, de ECU, hizo un amplio reportaje fotográfico para dar testimonio.

El redactor de estas improntas de notas, compró el libro a las 19 horas en el monasterio del libro de Pynchon&Co, siempre llega media hora antes a las presentaciones para tomar asiento en la tierra, al módico precio de 9 €, porque el libro pequeño de grosor pero matón, está encerrado en 81 páginas, índice como IVA aparte, con fotografías de Antonio Tiedra, en blanco y negro, de músicos de viejos roqueros.  La edición de ECU, es de una alta calidad de 21 X 30 cm., con la portada adornada por una foto de los pies de un guitarrista en deportivas, y entre su arcada de los pies un bote de aluminio de una bebida. Lo que da a entender por el charco de la tarima del escenario que es un roquero de los que sudan.

Así de pronto por asociación de ideas, se me viene a las neuronas que el “beso eléctrico” más que el beso de una amante es el beso del sonido una guitarra eléctrica, porque la música de aquellos roqueros era como un beso eléctrico en los oídos, que nos ponían los tímpanos como un bombo. El ruido de los conciertos era guay y vibraban en los guateques con un vaso triste de un cubata imbebible.

Con el libro en una bolsa de papel como las de embolsar uvas del Vinalopó, vi en la barra del bar del monasterio a Mariano, a Esther Abellán y a José Luis Rico. Me dirigí a ellos y, después de los saludos, le pedí a Mariano que me firmara el libro, tras departir algunos comentarios. Lo que me puso en la dedicatoria es ya asunto privado, entre nosotros, porque nos conocemos hace algunos años. Luego saludé a Juan A. Urbano, me senté junto a la poeta vallisoletana Pilar Galán, también saludé al hernandiano José Luis Ferris. En seguida se apararon las farolas como en el poema lorquiano de “La casada infiel” y empezó la función, o feria ambulante de los libros como debe ser.

Pero hablando del poemario Para los que brillan con el beso eléctrico, ECU, 2019, del poeta Mariano (perdón por la cacofonía), escritor, poeta y sobre todo periodistas antifranquista, que yo llevaba entre el calor acogedor de mis muslos lacerados. En el autobús de vuelta a casa lo saqué otra vez de su embolsamiento blanco de bolsa de uvas, donde habían metido el libro como un gran racimo, llamadas de Navidad, y antiguamente de embarque. Lo saqué con sigilo bajo la extraña mirada de algunos viajeros, y luego, ellos, siguieron atentos como búhos a sus Smartphone. En el trayecto de 20 minutos del bus metropolitano del número 3, a la Florida-Babel, me leí de un tirón el prólogo de Esther Abellán, que se nota que es amiga del poeta del que escribe «Mariano nos adentra en la ciudad como territorio de combate», porque el autor es en realidad un poeta de compromiso social, y, más cosas que eso lo debe descubrir el lector que compre el libro en el monasterio o en otra librería.

¿Qué se va a encontrar el lector?

Se va a encontrar un prólogo de 8 páginas donde con inteligente mesura nos cuenta el currículum de gran escritor y poeta que es Mariano Sánchez Soler (Alicante 1954), un obrero de sangre roja y atea, metido a periodista y profesor universitario. En el libro sobreviven 29 poemas como pueden. Citas de referencias musicales, muy de agradecer, y 11 fotografías artísticas de Antonio Tiedra. Pero sobre todo va encontrar recuerdos y emociones de un pasado cercano y que es nuestro.

He de confesar que todavía no me he leído (a conciencia) todos los poemas por falta de tiempo a esta hora de la mañana, pero ya caerá como caen las manzanas de Jorge, no de Newton, porque Jorge es mi tendero de marcadillo que es quien me las vende. Así de pronto, aparece un poema narrativo  titulado “Tren nocturno” romanizados en X partes, que destaco, sobre esos viajes de la voz poética (alter ego del autor) desde Alicante a Madrid en tren nocturno, eras joyas de trenes camas que, tanto juego dieron a la literatura azoriniana de otros tiempos sobre los caminos de hierros.

Los primero poemas, son a mí parecer hijos de la poesía automáticas surrealista pero entendible en los sentidos. Es que en realidad como decía el gran poeta checo Rainer Maria Rilke, «la poesía no se escribe para ser entendida sino para ser sentida», y es lo que me está ocurriendo al leer estos besos eléctricos, que uno percibe, con esa sensación de los años setenta con los ambientes de la célebre Movida, y de la apertura a los sentidos del destape y a la música roquera.

En fin, os dejo, querido lector, porque me tengo que poner a pintar unos cuadros surrealistas para vivir. Pero que sí, que os recomiendo la lectura electrizante, que no electrificada como una alambrada, de este poemario «sanchezsoleriano« que acaba de nacer con sorpresa y que hará ruido.

Ramón Palmeral.