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Somos como el Quijote luchando contra gigantes invisibles

En este confinamiento forzoso debemos dar una imagen en el exterior de que vamos a ser frontera de los virus.

No me gusta ser pesimista, pero estamos con Pedro Sánchez (que se coló por la ventana del Congreso y en el Ejecutivo), socialista-podemistas, peor que con Franco, con miedo a la policía, sin poder salir de casa y sin poder reunirnos con familiares y amigos, y sin reuniones. Se preocupa de la salud y no de nuestros bolsillos vacíos de euros. Esto va para 4 ó 6 meses. El rey y Jefe de Estado Felipe VI dijo ayer: «Una sociedad que ha experimentado unatransformación muy profunda, como jamás antes en nuestra historia; que vive conforme a valores y actitudes compartidos con las demás sociedades libres y democráticas; que es y se siente profundamente europea e iberoamericana; y que no está aislada, sino muy abierta al mundo y plenamente integrada en la sociedad global».

Pues bien, dijo ayer, el lumbreras de Pedro Sánchez que lo peor está por llegar. Sí  tiene razón  lo peor del coronavirus está, o no, por llegar porque nos vamos a quedar sin Semana Santa, sin Santa Faz, sin Hogueras y sin poder ir a la playa en verano y sin tomar el sol y los baños de mar, tan necesarios para los huesos. Bueno pues este confinamiento se debe a dar una imagen en el exterior de que vamos a ser frontera de los virus.

¿Hasta cuándo podemos aguantar así? Luchando contra un enemigo invisible. Contra algo que solo, los anticuerpos de cada cuerpo, puede luchar contra los virus y bacterias. Lo que hay que hacer –con más urgencia- es reforzar nuestro sistema inmunológico con una alimentación saludable (nada de alcohol, tabaco ni drogas), para estar más fuerte en defensas, como siempre ha sido y será  en el futuro.

La OMS se ha equivocado de pez a paz porque las epidemias de gripe matan en el mundo a miles de personas, todos los años, sobre todo mayores, porque el mundo es así: nacemos, vivimos, nos envejecemos y morimos (si no hemos tenido un accidente grave en el camino), porque al vivir nos estamos muriendo poco a poco, lentamente. Y esta es la realidad. Vivir tiene sus riegos y debemos asumirlos.

Nos vamos a quedar sin verano en bicicleta, en bañador y muriéndonos de tristeza y de miseria en la sombra de nuestras casas y haciendo vida en las terrazas de los bloques. Yo voy a escribir «Historia de una terraza».

De todas formas, no debemos caer ni en el pesimismo ni en la irritabilidad sino en la solidaridad en todo y con todos, si tú no te contaminas no contaminarás a los demás que ya es mucho. Vivimos tiempos difíciles de convivencia que, a la vez son tiempo de reflexión para examinar sobre la transitoriedad de la vida, pero también en la esperanza de que todo, volverá a ser azul y diáfano como en años anteriores. Y hay que hacer como el lema de la Guardia Civil: «Muere pero nos se rinde».

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