El otoño arranca seco en Alicante con un octubre y noviembre marcados por la inestabilidad

Meteored advierte que las lluvias son muy inciertas en esta estación, aunque las temperaturas seguirán elevadas y podrían superar los 30 ºC en jornadas puntuales; además explica a Diario de Alicante en qué zona de la provincia llueve tanto como en Galicia y por qué la costa presenta un mayor riesgo de inundación

Septiembre cerrará con precipitaciones por debajo de lo habitual, un patrón que cambiará en octubre y noviembre, cuando se observará un escenario más húmedo e inestable en toda la vertiente mediterránea. Son previsiones que avanza Samuel Biener, climatólogo de Meteored y del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante este 22 de septiembre, día que arranca el otoño astronómico a las 20:19 (hora peninsular). La estación desde el punto de vista climatológico se inauguró el 1 de septiembre.

El otoño es la estación más lluviosa en la provincia, pero también la más irregular: en estos tres meses pueden darse desde situaciones tan dispares como danas hasta frentes de poniente, y un solo episodio puede dar la vuelta al balance de toda la estación, explica a Diario de Alicante el climatólogo. “Dana no es sinónimo de lluvia torrencial”, recuerda, y un temporal severo puede producirse sin una dana. En Alicante, el riesgo aumenta por la ocupación de ramblas, barrancos y marjales y porque el Mediterráneo aporta más vapor de agua a las tormentas.

Episodios de calor por encima de los 30 ºC

En el plano térmico, Biener ha precisado que el trimestre será más cálido de lo habitual (en torno a 1–2 ºC por encima de la media) y que, “sobre todo los 10-15 últimos años se ha visto este acelerón” en el calentamiento otoñal, con septiembre presentando valores más habituales de agosto. En Alicante, las medias rondan 23,5 ºC en septiembre, 20 ºC en octubre y 15,4 ºC en noviembre.

Este otoño no será sorprendente que se produzcan episodios de temperaturas muy altas: “En días de poniente más de un día de 30 grados tendremos”, asevera Biener.

La Marina Alta, el epicentro de las lluvias

Biener ha subrayado que la Marina Alta es la zona más favorable para las lluvias intensas, “pero en cualquier punto de la provincia de Alicante se pueden producir aguaceros torrenciales. Ya lo vimos en Orihuela hace unos años y lo vimos en Alicante, por ejemplo, en el 97. Y bueno, el riesgo siempre va a ser mayor en la costa, porque justo es la zona que está más habitada y donde más se ha ocupado zona inundable”.

En este contexto, recuerda que el “clásico” punto más lluvioso de la provincia es la Marina Alta: en algunas zonas de la Vall d’Ebo “llueve lo mismo que en comarcas de Ourense” —alrededor de 1.000 l/m² al año—, pero en el caso de estos municipios alicantinos concentrado en 4–5 episodios, lo que dispara los impactos. El riesgo es mayor en la costa, más habitada y con mayor ocupación de áreas inundables; municipios como Dénia, Xàbia o Calp son núcleos históricamente expuestos a fenómenos adversos, sostiene.

Con todo, en la cuenca mediterránea “han aumentado” los peligros naturales —danas con más vapor de agua por un mar más cálido— y, a la vez, la exposición y la vulnerabilidad por el factor humano que ha ocupado zonas inundables, lo que incrementa el riesgo incluso sin registros extremos como los ocurridos el 29 de octubre pasado en Valencia: “con la mitad también puede ser muy dañino”.

Agricultura: dos impactos clave y agua más incierta

Biener ha subrayado que “algunos cultivos y algunas especies vegetales sufren muchísimo” con la alternancia de sequías más largas y lluvias cada vez más intensas. De hecho, en los últimos años, “hemos visto, por ejemplo, en la provincia en varias sierras como los pinos han sido masacrados” por la combinación de sequía y plagas.

En regadío, ha advertido de que el Tajo-Segura será cada vez más incierto: “puede haber años” en los que, por la pluviometría en la cabecera del Tajo, no se pueda realizar el trasvase, obligando al sector a adaptarse.

Población y cultura del riesgo

Aunque, a su juicio, el panorama “no es nada optimista”, ha insistido en mejorar la cultura de prevención y la educación para mitigar los efectos de fenómenos cada vez más extremos y frecuentes.

Turismo: temporada que se alarga y deberes hechos

Biener ha explicado que el turismo ya está notando el impacto del cambio climático, ya que la pérdida de confort climático “afecta al sector” y obliga a diversificar la temporada alta hacia meses como septiembre, octubre, mayo y junio: «incluso se está detectando que en algunos momentos de pleno verano la gente deja de venir por la pérdida de confort climático». En la Costa Blanca, y en Benidorm en particular, el sector hotelero ha hecho los deberes con aljibes, renovables y campañas de concienciación. «Se ha hecho un buen trabajo para adaptarse a a esta situación de un clima más extremo y más irregular».


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