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Hablamos de la vida que conocemos

nadie Diario de Alicante
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Imaginaros un planeta extrasolar a una distancia de 5000 años luz de La Tierra, con un tamaño de 15000 km de diámetro, y un periodo de rotación de 40 horas y otro de traslación de dos años, alrededor de una estrella blanca, la mitad que nuestro sol y alejada 120 millones de esa pompa flotante y desconocida para los ojos humanos, que vamos a llamar KM. Pero hablamos de imaginación y os sugiero que poséis los dos ojos virtuales, sobre una atalaya cualquiera de ese KM, cuya temperatura oscila entre los 6 grados centígrados en los polos y los 120 grados en el ecuador, con una inclinación sobre el plano de su órbita de tan solo 5 grados; prácticamente sin estaciones. Este planeta no tiene satélites que le perturben con mareas periódicas, ni eclipses de ningún tipo. Tampoco tiene vida, si siquiera virus o bacterias. Pero tiene hermosos océanos en las zonas templadas y menos frías. El cielo no es azul, sino de un permanente gris perla, debido a los compuestos de dióxido de carbono, metano y otros gases extremos. También hay mares y espigones de rocas como en Santa Pola, y acantilados cortados a cuchillo de piedras metamórficas y basalto. Si afinamos los oídos virtuales, escucharemos el viento y el extraño rumor de las olas lamiendo las arenas de silicio sin cristalitos de conchas. KM tiene actividad volcánica todavía, tras 6000 millones de años de existencia desde que se formó. Nunca tuvo vida, por lo tanto no hay fósiles, ni restos de algas o microorganismos. Es un planeta vacío de toda posibilidad de vida, que le quedan otros 2.000 millones de años para convertirse en una compacta bola de nieve alrededor de una estrella que habrá perdido ya el 90% de su calor y su materia se estará colapsando hasta constituir una enana negra, más pequeña pero mucho más densa que KM.

La mayor parte de los planetas del universo visible, aunque muy distintos entre sí en tamaños y paisajes, tienen un denominador común: no tienen vida, allí no hay NADIE. Son planetas que pasearán sus largos miles de años, sin que unos ojos poéticos contemplen sus anatomías externas, sus orogenias y paisajes imposibles de ser pensados por humanos/as, porque nunca hemos salido de nuestra delicada pompa azul más allá de la Luna. ¿Para quienes se ha modelado tanta belleza en el cosmos? Mundos fríos, calientes, rocosos, gaseosos, lejanos, desconocidos, girando y girando solos y espectrales, ausentes de la caricia de cualquier forma de vida, porque los habita NADIE: ni animales, ni insectos, ni bosques. Aunque quizás es preferible la soledad del aire de carbono, las nubes de cianuro y el agua de vitriolo, a la compañía de banqueros y políticos, corrompidos por la “pasta”…se los pulirían todos en un santiamén.

Tenemos a más de 4000 exoplanetas localizados y “estudiados”, ninguno parece aspirar a candidato para albergar vida y mucho menos “inteligente”. La especie humana, que ha tenido la extraordinaria ventaja y fortuna, de que se le ofrezca una explosión de vida y una naturaleza exuberante y variada, prácticamente gratis, en un planeta amable y tal vez único en nuestra galaxia, las estamos desaprovechando y exterminando, simplemente por egoísmo propio, dejadez y falta de sensibilidad por las generaciones futuras, abocadas a catastróficas guerras de selección artificial, para que solo queden como ha ocurrido hasta ahora, los más “aptos”, financieramente, y los que más “cojones” tienen.