Mucho orgullo y ningún miedo

El Articulo de Opinión de Juan Antonio Gómez Narros que dice que "ningún hombre está por encima de la ley y nadie por debajo de ella".

orgullo Diario de Alicante
Josep Manel Sánchez
Juega Limpio Orihuela

Esto es lo que pensamos un sinfín de españoles tras la reciente noticia del fallecimiento de Víctor Laínez, asesinado presuntamente, como siempre hay que decir en lenguaje jurídico, a manos de varios antisistema a la salida de un bar en Zaragoza.

Hecho punible que se le imputa al autor de esta agresión y otro de ellos por omisión de socorro, cuando el único motivo es que la víctima lucía unos tirantes con la bandera española. La guinda a la historia es que, Rodrigo Lanza, el principal autor de esta barbarie, hace unos años dejó tetrapléjico a un policía en Barcelona y, por ello, y por nuestra seguridad ya cumplió una pena de prisión de casi un lustro.

Sin olvidar, aunque dejando a un lado, las consecuencias penales de esta actuación y que nunca devolverán la vida que se llevaron. Se ha de tener en cuenta que, estas conductas delictivas continuadas hace unos años quedaban en multas que solo impiden a los autores tener teléfonos móviles a su nombre y que, hoy en día, les hacen pasar años privándoles de lo más importante, la libertad que ellos no consienten. A pesar de todo, nos encontramos ante un problema sociológico y endémico que cada día es mayor y que plantea una solución difícil.

Días atrás, fuimos muchos los que celebramos con banderas españolas el 39º aniversario de nuestra Carta Magna. Un amplio elenco de artículos que garantizan la libertad junto a otra serie de derechos fundamentales de los que, paradójicamente, esta gentuza lleva aprovechándose durante muchos años, pero no aceptan que los puedan disfrutar los demás, patada a la Constitución y a las Leyes que nos protegen (pero solo cuando les interesa).

Es cómico y, a su vez, triste que los que recuerdan el pasado franquista de España con la única intención de obtener redito político de él y que al mismo tiempo que critican la bandera nacional, lo hagan portando símbolos inconstitucionales o camisetas con rostros de asesinos en su indumentaria.

Aun así, más triste me parece que, mientras condenan, de la misma manera que lo hacemos los demás, la barbarie criminal que llevó aparejada gran parte de la época franquista. Porten orgullosos insignias de “héroes comunistas” que se caracterizaron por acabar con la vida de quien no pensaban como ellos.

Sin dejar de lado que en unos días daremos entrada al 2018 y que ya hemos superado el anterior milenio, donde ellos se han quedado históricamente anclados. El único objetivo que tienen es justificar sus actuaciones y querer impartir justicia por una guerra (dicen), finiquitada hace ya algunas décadas. Ellos simplemente la conocen por narradores subjetivos, enarbolan un resentimiento postizo y, fruto de todo ello, pretenden que el resto no podamos disfrutar libremente del Estado de Derecho que tenemos en España. Ese del que ellos disfrutan y con el que intentan acabar.

Yo a ellos les digo que seguiré llevando orgulloso mis pulseras rojigualdas y todos los símbolos que engrandecen la Constitución y a este gran país, a pesar que el miedo que intenten sembrar. Si quieren ser lo que antaño criticaron que recuerden la frase célebre de Wiston Churchill: “los fascistas del futuro se llamarán así mismo antifascistas”. Y sobre todo que recuerden una cosa, nuestro sistema legislativo, procesal y judicial avanza cada día más. Sus conductas no quedarán impunes como bien vamos a comprobar con el Sr. Lanza.