La Fiscalía solicita una pena de tres años y medio de prisión para un sacerdote misionero acusado de estafar casi 65.000 euros a una mujer a la que habría engañado durante varios años, aprovechando una relación de confianza que derivó en un vínculo sentimental.
Según el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana, el ministerio público atribuye al acusado un delito de estafa cifrado en 64.300 euros. El caso se juzgará en la Sección Décima de la Audiencia Provincial de Alicante en una vista señalada para este martes a partir de las 10 horas, donde se analizará el recorrido de los hechos y la responsabilidad penal del sacerdote.
Relación a distancia y proyecto de vida en común
El procesado, misionero de la congregación de los Padres Blancos y residente en Burkina Faso en el momento de los hechos, conoció a la víctima en 2010. A partir de ese primer contacto, ambos iniciaron una relación de amistad a distancia que se fue intensificando con el tiempo mediante correos electrónicos y mensajes de WhatsApp, lo que permitió generar una fuerte confianza entre ellos pese a la distancia geográfica.
En 2012, la mujer viajó al país africano para asistir a la ceremonia de ordenación sacerdotal del encausado. De acuerdo con la acusación, durante esta visita la relación evolucionó hacia un plano sentimental y ambos comenzaron a plantear un proyecto de vida en común. La Fiscalía sostiene que la pareja llegó a acordar que él abandonaría la entidad religiosa para trasladarse a España, donde tenían previsto casarse y comenzar una nueva etapa.
El ministerio público considera que, una vez consolidada esa relación y la expectativa de futuro conjunto, el acusado actuó guiado por el ánimo de obtener un beneficio económico ilícito. En ese contexto, habría comenzado a solicitar a la mujer distintas cantidades de dinero de forma periódica, apoyándose en la confianza personal y en el compromiso de llevar a cabo el traslado a España.
De acuerdo con el escrito de acusación, el sacerdote justificaba estas peticiones económicas con diversos pretextos: gastos de visado, pagos relacionados con la asistencia médica, ayudas destinadas a una mujer supuestamente enferma o matrículas de estudios que, según indicaba, podían facilitar y acelerar los trámites para su viaje a España. Cada nueva solicitud se presentaba como un paso más necesario para culminar el plan de reunirse y formalizar la relación, lo que, según la Fiscalía, reforzaba la presión emocional sobre la víctima.
Estas entregas de dinero se habrían prolongado durante un periodo de cinco años, tiempo durante el cual la mujer continuó confiando en que el acusado cumpliría su compromiso de viajar y contraer matrimonio. Solo después de ese largo periodo, y tras comprobar que los plazos prometidos no se cumplían, la víctima empezó a sospechar de la verdadera situación.
Según la acusación, la mujer descubrió finalmente el engaño al enterarse de que el sacerdote llevaba tiempo fuera de África y residía en París con la misma orden religiosa, sin haber avanzado en los supuestos trámites para trasladarse a España. Esta información contrastaba con las explicaciones que él le había dado y con las razones esgrimidas para solicitarle más dinero.
Ante esta situación, la perjudicada presentó una querella en 2019. Para entonces, el procesado ya había reconocido el importe adeudado en una reunión mantenida con la víctima y con superiores de la congregación, durante la cual se habría comprometido a devolver las cantidades recibidas. Sin embargo, según la Fiscalía, el sacerdote incumplió los plazos de devolución que había prometido, lo que llevó definitivamente a la mujer a acudir a la vía judicial.
En el juicio, la Audiencia Provincial de Alicante deberá determinar si las solicitudes de dinero, encadenadas durante años bajo distintos pretextos y vinculadas al proyecto de vida en común, constituyen el delito de estafa continuada que la acusación atribuye al sacerdote misionero y por el que se interesa la pena de prisión.


