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Digitalización comercial, ¿necesidad o ventaja competitiva?

Manel Giner, concejal de Desarrollo Local de Sant Joan, resalta la importancia de digitalizar comercios y negocios hosteleros.

Para una contestación útil a esta pregunta, deberíamos tener claro el concepto de digitalización comercial y el contexto en el que nos movemos en estos momentos tan complejos y cambiantes.

Cuando hablamos de digitalización en el comercio y la hostelería nos estamos refiriendo a la implantación de procedimientos de automatización en cualquiera de las actividades o procesos que supongan para el negocio un ahorro cuantificable en forma de tiempo y dinero, y que, a la vez, ofrezcan la posibilidad de implementar una relación más inmediata con el cliente y sus necesidades.

La adopción de procesos de digitalización en el siglo XXI ha pasado de suponer una mejora competitiva de un empresario frente a otro, a un requisito a incluir de forma preceptiva en nuestro plan de empresa. Sin esa incorporación partimos en desventaja frente a otros competidores o, como se ha demostrado durante la presente pandemia, frente a imponderables y cambios normativos.

La transformación digital de nuestras vidas, plagadas de sistemas, herramientas, electrodomésticos y gadgets interconectados entre sí ha modificado nuestro mundo de una forma irreversible. Y así lo ha entendido la administración al posibilitar la implantación de una amplia red de fibra óptica en nuestro país, tal y como se hizo con la red de trasporte ferroviario de alta velocidad, lo que nos puso y ha puesto a la cabeza de los países de nuestra esfera. Y de igual manera, nos encontramos inmersos en el reto de la implantación de la administración electrónica, convertida en la única forma de relacionarse de todo administrado con personalidad jurídica con la misma y que ha abaratado costes de gestión y tiempos de respuesta. Gracias al DNI electrónico y a los certificados digitales, en breve todos, ciudadanía y consumidores, abandonaremos definitivamente el papel.

Y entre todos los sectores productivos es el tercer sector (donde se incluye el retail) el que ha abanderado esta transformación digital con la excepción de las pequeñas y medianas empresas, lo que supone un freno a este proceso de transformación digital. Y, por supuesto, un riesgo cierto para la supervivencia de un colectivo que supone más del 90% del conjunto de empresas españolas, así como para la validez de todo el sistema.

Este sesgo digital está poniendo en peligro la pervivencia de muchos negocios y del proyecto de vida de muchas familias. Lamentablemente, Sant Joan es especialmente sensible a este déficit, dado que se trata de un municipio especializado en la venta al por menor, a la prestación de servicios, y al turismo en menor medida. Pero a la vez, también cuenta con numerosas empresas de tamaño medio y especializadas o pertenecientes a grandes cadenas distribuidoras que sí han implantado canales digitales, mediante herramientas de e-commerce que han fidelizado a numerosos consumidores. Estos han manifestado nuevos hábitos de consumo, hábitos que se han acrecentado durante el confinamiento y que para muchos de ellos y ellas han venido para quedarse.

Ya han quedado atrás los tiempos en los que hablábamos de la sociedad de la información y la comunicación, para dar paso a un tiempo en el que todos los estadios y agentes que componemos la sociedad nos regimos por los elementos que definen a la actual sociedad del conocimiento. En este contexto de complejidad, diversidad y variabilidad, el problema de la infra digitalización al que se enfrenta nuestro comercio no se debe a la falta de tecnologías, capacidad o velocidad de gestión de datos. Tampoco a la carencia de medios de información, canales de ventas o desconocimiento de nuevos hábitos de consumo o nuevas prácticas. La realidad es que datos hay de sobra y en ese aspecto, el Big Data ya es el futuro.

Pero sin llegar a este nivel de complicación, el problema se manifiesta básicamente para las PYMES y micro PYMES, como una hidra de 2 cabezas: una, el desconocimiento de la rentabilidad del esfuerzo de adaptación digital y la otra, el desconocimiento del mundo digital por emprendedores y empresarios que en demasiadas ocasiones son nativos analógicos. 

Motivos estos por los que las administraciones debemos enfocar prioritariamente nuestro esfuerzo en garantizar la pervivencia futura de nuestro sector comercial de proximidad, por definición ágil y adaptativo, pero en estos momentos con los pies dentro del barro.

Es a combatir este desconocimiento a lo que la administración debe dirigir su esfuerzo en una intensidad superior a la de sostener las necesidades básicas de subsistencia, aquello más perentorio a lo que ya dedica todo su esfuerzo cada uno de los empresarios y empresarias. Como dice el dicho, con los limitados recursos de la administración siempre será mejor enseñar a pescar que dar pescado. Ese es el mejor papel que puede asumir la administración: el de aportar elementos de ordenación y amortiguación de las diferencias y desigualdades en un entorno de desarrollo de la actividad capitalista.

Y es en ese proceso de implantación de herramientas digitales donde las administraciones jugamos un papel importante. Ayudamos a la formación del sector, de sus empleados y empleadores. También asumimos las cargas más pesadas, como son las de diagnóstico, la elaboración de estudios de mercado y el análisis de los datos que nos lleven, tras una correcta segmentación de las características y necesidades de cada realidad comercial, hostelera y turística, a colaborar técnica y económicamente en el desarrollo de las herramientas colaborativas más adaptables, ágiles y sencillas.

Todo este trabajo no tendría sus frutos si no se desarrollara contando con la opinión y el trabajo conjunto de todos los agentes del sector, inmersos en un proceso  de elaboración de abajo a arriba que garantice su aplicación futura, fruto de ese trabajo de adición colaborativo.

En Sant Joan estamos recorriendo ese camino.

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