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martes, febrero 3, 2026

Investigadores de la UMH logran una recuperación inesperada de la visión en una persona ciega mediante estimulación cerebral

El avance se produce durante un ensayo clínico de seguridad y viabilidad de una prótesis visual cortical y se mantiene incluso tras retirar el implante

Un paciente con ceguera total por un daño irreversible en el nervio óptico ha recuperado parcialmente la visión natural tras participar en un ensayo clínico de estimulación eléctrica de la corteza visual.

El hallazgo se ha producido durante un estudio diseñado para evaluar la seguridad y viabilidad de una prótesis visual cortical, y ha sorprendido a los investigadores al observar una mejora visual espontánea, sostenida en el tiempo e independiente del implante.

El ensayo forma parte de una línea de investigación desarrollada por el laboratorio de Neuroingeniería Biomédica de la UMH de Elche, que ha realizado hasta la fecha cuatro estudios clínicos con personas voluntarias ciegas.

En uno de estos casos, un participante que llevaba más de tres años en oscuridad total comenzó a recuperar progresivamente parte de su visión natural tras iniciar la estimulación eléctrica directa de su corteza cerebral.

Un resultado inesperado durante un ensayo de seguridad

“Como en todos los ensayos, el objetivo era generar percepciones visuales artificiales mediante la estimulación directa del cerebro, no restaurar la visión natural”, explica el investigador principal del estudio, Eduardo Fernández Jover.

El hecho de que uno de los participantes haya experimentado una mejora visual medible y sostenida sugiere la posible influencia de factores individuales aún no identificados.

La neuróloga Arantxa Alfaro Sáez subraya que “aunque se han descrito algunos casos de recuperación de la visión en pacientes con daño severo del nervio óptico, estos siempre se han producido en los primeros meses tras la lesión”, por lo que considera muy inusual que se produzca una mejora después de tanto tiempo.

Microelectrodos y primeras percepciones visuales

El procedimiento consistió en la implantación quirúrgica de una matriz intracortical de 100 microelectrodos en la corteza visual primaria, responsable del procesamiento de la información visual. A través de esta matriz se aplicaron patrones de estimulación eléctrica controlados para generar percepciones visuales artificiales, conocidas como fosfenos.

Dos días después de la intervención, el paciente comenzó a percibir luces y movimientos. “Apenas habíamos empezado a estimular su corteza visual para calibrar el sistema”, relata Alfaro, “pero empezamos a gesticularle y el paciente fue capaz de describir correctamente la posición de nuestros brazos”.

El propio participante describió esta experiencia como una sombra en movimiento, la primera percepción visual natural tras años de ceguera total.

Entrenamiento visual y mejora sostenida

Durante los meses siguientes, el paciente siguió una rutina diaria de entrenamiento visual, con ejercicios estandarizados de al menos 30 minutos. Las pruebas evaluaban desde la percepción de la luz y el movimiento hasta la identificación de formas, letras y números, así como tareas de localización y seguimiento de objetos.

Según explica la investigadora Leili Soo, este entrenamiento, junto con la motivación del participante, pudo influir en la recuperación parcial de la visión. La mejora persistió incluso tras la retirada quirúrgica del implante intracortical.

Los potenciales visuales evocados, prácticamente ausentes antes del estudio, reaparecieron y mejoraron progresivamente, lo que confirmó una recuperación real y medible. El voluntario mostró avances significativos en agudeza visual y autonomía, logrando identificar formas y letras, mejorar la coordinación manual y ganar confianza en su movilidad diaria.

Implicaciones para futuras terapias

Los investigadores consideran que estos resultados podrían abrir nuevas vías para la rehabilitación de la función visual en personas con lesiones severas de las vías visuales, e incluso en otros tipos de lesiones cerebrales, mediante técnicas no invasivas como la estimulación eléctrica transcraneal.

No obstante, el equipo insiste en la cautela. “Estos hallazgos solo se han producido en uno de nuestros participantes”, advierte Fernández Jover, quien señala que la respuesta del cerebro puede variar según la patología, la duración de la ceguera o la visión residual previa. Futuros estudios determinarán si se trata de un caso aislado o de un fenómeno reproducible.

El estudio se ha desarrollado en colaboración con el Hospital IMED Elche y ha sido publicado en la revista científica Brain Communications.