fbpx

365 días de COVID persistente

Un enfermo de COVID persistente nos cuenta todas las secuelas que lleva arrastrando, desde que se contagió hace un año.


«A los afligidos no se les ha de añadir aflicción.» Miguel De Cervantes


Me llamo Santiago Secades, 45 años. Sin patologías previas.
El 10 de marzo de 2021, hizo justo un año que contraje la enfermedad producida por el ya tristemente conocido COVID-19. Tan solo cuatro días antes de que el Gobierno de España decretara nuestro primer Estado de Alarma por un virus y el segundo de nuestra ya no tan reciente democracia.
Estoy dentro de ese 15% de personas que al contraer la enfermedad, una vez pasada la fase aguda, seguimos teniendo síntomas indefinidamente. Un par de datos: solo en España estamos hablando de unas 700.000 personas. Imagino que cuando termine este “mal sueño” rondaremos el millón y medio de afectados solo en nuestro país. A modo contrato, como se suele especificar en la cabecera de estos diré: en adelante, los “Covid Persistentes”.


Un año después, a día de hoy sigo arrastrando importantes molestias que impiden que pueda hacer una vida plenamente normal. Son decenas de síntomas de diferente índole e intensidad los que padecemos los “Covid Persistentes”. En mi caso, actualmente (llegué a tener más de una veintena) persisten dolores musculares en cuello y tórax, dolores en algunos dedos de las manos, cansancio de brazos, picor de ojos, una dermatitis en la cara que va y viene y agotamiento general.
Mi calidad de vida se ha reducido considerablemente. La realidad es que no soy el de antes. Mi energía no es la misma. Es como si se me hubieran consumido todas las rayitas de la carga de la batería y ya solo quedase la última.
Psíquicamente tampoco soy el mismo. Emocionalmente a todos nos ha marcado de alguna manera y nos ha transformado en gran medida. A algunos, de momento, perennemente. Por desgracia, el
sufrimiento vivido sigue estando en verbo presente. Por no hablar de la cantidad de personas que han/hemos perdido a familiares, amigos, vecinos, conocidos…

Hoy en día, seguimos siendo esa incógnita a resolver por las autoridades sanitarias y la comunidad científica. La Organización Mundial de la Salud (OMS), hace algunos meses, ya reconoció el “Covid Persistente” como enfermedad. Los gobiernos, aunque tarde, van reconociendo este gravísimo problema. Ya saben que existimos, aunque desconocen los porqué.
Por desgracia, somos esas incómodas venas hinchadas en el recto, que bien es sabido que se sufren en silencio. Mientras sigan habiendo contagios, mientras sigan llegando nuevas olas, seguiremos siendo
“invisibles” para mucha gente, porque, de momento, no nos vamos al otro barrio. Seguimos viviendo un auténtico infierno y solo estamos sobreviviendo, pero pocos lo saben.


En todo este año he pasado por las manos de una veintena de médicos y de multitud de especialidades. Tengo que agradecer a muchos su atención y ayuda, aunque no sepan realmente como ayudarnos. Porque, lamentablemente, después de lo que llevamos ya en la mochila, tenemos que escuchar de ciertos médicos e incluso amigos, que lo que nos pasa es que somatizamos. Un buen ansiolítico, mejor un antidepresivo no vayas a quejarte demasiado y a otra cosa mariposa o como diría el legendario grupo Asfalto: “Otra copla a los del cuadro y hasta mañana Don Ramón”.


365 días después, millones de personas en el mundo seguimos enfermos de “Covid Persistente”.
PD: Dedicado a todos mis compañeros y compañeras de “Covid Persistente”. En especial a una gran luchadora, Inma H., que sufre desde hace más de un año esta desesperante enfermedad, con angustiosas y continuas hospitalizaciones. ¡Ánimo bonita!

CatalanSpanish