Llevar flores, visitar una sepultura y recordar a quienes han fallecido son gestos asociados al comienzo de noviembre. Esa cercanía explica que Todos los Santos y el Día de los Difuntos se utilicen a veces como si fueran una misma celebración.
Sin embargo, corresponden a dos fechas y dos significados religiosos diferentes.
El 1 de noviembre: la celebración de todos los santos
Todos los Santos honra, dentro de la fe católica, a quienes ya participan de la vida junto a Dios.
La celebración incluye a los santos canonizados y a aquellos que permanecen anónimos. No se refiere exclusivamente a los nombres que cuentan con una fiesta propia en el calendario.
El 2 de noviembre: el recuerdo de los fieles fallecidos
Al día siguiente se celebra la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. La Iglesia dedica esta jornada a rezar por los fallecidos, con la esperanza de su encuentro pleno con Dios.
Ambas celebraciones se entienden conjuntamente dentro de la doctrina católica, pero una honra a los santos y la otra expresa la oración por los difuntos.
Benissa conserva el recuerdo de ambas jornadas
La memoria histórica de Benissa permite observar cómo esas fechas se enlazaban en la vida del pueblo.
Los testimonios recogidos por su cronista describen la visita al cementerio y el rezo familiar de tres rosarios en Todos los Santos. La jornada siguiente, conocida como la de las Ánimas, continuaba con celebraciones religiosas dedicadas a los fallecidos.
Son prácticas documentadas del pasado local, cuya presencia actual puede variar entre familias y generaciones.
El homenaje familiar puede hacerse cualquier día
La distinción religiosa no impide que una familia elija otra fecha para acudir al cementerio.
En Alicante, el recuerdo de los seres queridos también puede expresarse sin una práctica confesional. El gesto personal tiene su propio significado, aunque coincida con una celebración del calendario católico.



