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¿Molestar? Sí. Molestamos.

La secretaria general de UTG Alicante resalta la importancia de seguir luchando por las reivindicaciones laborales.

En primer lugar me gustaría que todos recordásemos qué sentido tiene la celebración del PRIMERO de mayo.

Se conmemora el Día Internacional del Trabajador en homenaje a los “Mártires de Chicago”, grupo de sindicalistas ejecutados en 1886 en EE.UU. por defender sus derechos como trabajadores. Consiguieron con la huelga rebajar las largas jornadas de trabajo,  pero a un precio inaceptable, su vida.

En España, el movimiento obrero se origina incluso antes, en Cataluña, en el sector textil algodonero.  Allí se produjeron los primeros enfrentamientos entre obreros y patronos, naciendo en 1840 el primer sindicato. En ese momento el trabajador tomó conciencia de la necesidad de asociarse para conseguir derechos laborales y salariales. La Unión General de Trabajadores (UGT) fue creada más tarde el 12 de agosto de 1888 en Barcelona.

Si su fundador Pablo Iglesias viera cuan denostados están los sindicatos de clase en la actualidad por el radicalismo de determinados políticos y empresarios, afortunadamente minoritarios, con el único objetivo de devolvernos a la España profunda, seguro que no permitiría que su dura lucha, sumada a la de otros miles de valientes, pueda caer en el más absoluto ostracismo.

Este grupúsculo de politiquillos y empresarios sin escrúpulos, utilizan como arma arrojadiza la propaganda subliminar continua y permanente en contra de los sindicatos de clase. Lo más triste es que están consiguiendo que cale el siguiente mensaje en un sector de la población, incluso entre las clases más humildes: “los sindicatos son innecesarios e inútiles”. Para tal fin utilizan las redes sociales, las fake news y otros medios de difusión, haciendo llegar su desprecio con demasiada asiduidad.

Obviamente, el sector vulnerable al que llegan, sufre la peor de las cegueras, la de aquel que no quiere ver, absorbiendo y repitiendo ese deleznable mensaje, cuyo objetivo es manipular y enterrar el sindicalismo, acabar con las huelgas y manifestaciones o con cualquier acción reivindicativa, para terminar derribando la última barrera que impide la entrada del neoliberalismo, dejando desamparados a los trabajadores frente a sus empleadores.

No vamos a permitir que se borre de un plumazo la sangre derramada por esos hombres y mujeres, que con su vida hicieron historia consiguiendo introducir la negociación colectiva en todos los ámbitos y con ella jornadas y salarios dignos, perseguir el abuso, mejorar los salarios, vacaciones, pausas, incluso, para disfrutar no hace tanto a permisos de maternidad y paternidad, formación, prevención en riesgos laborales, conciliación familiar, y un sinfín de mejoras que en la actualidad dignifican el trabajo de todos y todas.

El gran periodista Iñaqui Gabilondo en su crítica “Muerte a los sindicatos” pone de relieve esta nueva moda de “rajar” de los sindicalistas y voy a resaltar una frase a la que alude: “Hoy en día, confesar que uno es liberado sindical,  en estos tiempos que corren, es un auténtico pecado capital. Mejor inventar cualquier otra cosa antes de que te descubran”. “Siembra la duda, y obtendrás fanatismo barato.”

Por eso quiero gritar mi orgullo de pertenecer a la Unión General de Trabajadores desde hace 40 años; mi orgullo de ser mujer; mi orgullo de no abandonar la lucha ante las adversidades, con la conciencia tranquila y la cabeza muy alta, con la sensación del trabajo bien hecho, a pesar de los errores como cualquier ser humano (errare humanum est) y con el orgullo de no arrodillarse ante nadie  y participar en la construcción de una sociedad sin violencia y sin odio.

Gracias a este día, a aquellos hombres y mujeres que durante siglos lucharon sin miedo, algunas sacrificando su vida o su libertad. Ese testigo que recogimos, hemos de entregarlo a nuestro relevo con la misma fuerza para que continúe este largo e ingrato camino. También quiero homenajear a todos y todas las ausentes en este día, especialmente a otra luchadora anónima, una gran mujer, MI MADRE: “ me cuidaste como una princesa pero me enseñaste a luchar como una guerrera”. Vuestra huella y esencia siempre persistirá.

Este 1 de Mayo es más especial para mí, no solo por el azote de la pandemia que ha modificado su forma de celebración, sino porque es el último que disfrutaré como sindicalista activa en casi toda mi vida laboral, sin faltar a este encuentro.  Después vendrán más celebraciones del día del trabajo y hasta que pueda, volverán a contar conmigo pero desde otra perspectiva, la que te da la nueva etapa de jubilada, la de la experiencia y la serenidad.

Molesta que les molesten, que se reivindiquen mejoras, que se vayan consiguiendo poco a poco nuevos retos para acabar con las desigualdades, molesta que la mujer vaya rompiendo techos de cristal, que la sororidad vaya en aumento, que les pongamos obstáculos para evitar que la arbitrariedad vuelva a instalarse en nuestra sociedad.

La difícil situación económica actual, unida a la desoladora pandemia que acecha nuestras vidas, nos pone un panorama sindical complicado, pero hoy más que nunca, hemos de estar presentes con el objetivo de asegurar políticas de igualdad de trato y oportunidades, eliminando las barreras y los abusos.

”NI UN PASO ATRÁS”, avanzaremos con más fuerza si cabe, ayudando a crecer en igualdad, en la tolerancia y respeto a la diversidad.

            Y CONCLUYO CON LA FRASE QUE ENCABEZA EL ARTÍCULO: ¿MOLESTAR?, SÍ, MOLESTAMOS.

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