Los miembros de la Agrupación Cultural El Picudo Blanco presentan el número 10 de su revista

Josep Manel Sánchez
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En su décimo aniversario se ha confeccionado una portada con un montaje visual ideado por la fotógrafa experimental segoviana, Conchi Romano

Este fin de semana, algunos de los componentes de la Agrupación Cultural El Picudo Blanco, presentaban su revista literaria e ilustrativa a los medios de comunicación, orgullosos de que salga su criatura a la calle. Aunque les hubiera gustado haber tenido el respaldo de la entidad que los patrocina, entienden que ésta no pueda convocar una rueda de prensa para darla a conocer debido a su apretada agenda.

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La cubierta ha sido realizado por la fotógrafa segoviana, Conchi Romano Garcinuño elaborando así, una composición fiel al reflejo del espíritu de la revista donde las letras e imágenes se funden en un solo ser. En cuanto a cualquier celebración con motivo del décimo aniversario de esta publicación, no han pensado en hacer nada ya que creen que para ello deberían estar todos aquellos que han colaborado en la revista en estos diez años. Una inmensa mayoría de los que han cooperado no sólo pertenecen a la provincia alicantina, sino también a otras ciudades de la geografía española y de latinoamérica. A correlación con esta idea, una síntesis de la introducción escrita por Francisco Gómez viene a decir que sólo los elegidos podrán ser del interés general y los que no, sólo fascinarán a su núcleo de familiares y amigos.

La calle, ese espejo insoportable de polución y ruido, contemplaba como se tatuaba en el asfalto el contorno de tres figuras inmortalizadas por una lente de retina hambrienta. Ajenos a lo que sucede a su alrededor José Antonio Amorós, Pere Vicente y Antonio Zapata sujetaban el papel muerto que solo cobraría vida cuando el lector haga resucitar a las ideas que se esconden en el interior, como si les diese cuerda al engranaje de las páginas en blanco cual reloj desdentado. Los relatos despojados de sus ropas, la poesía que respira la intemporalidad de una reflexión disuelta sobre la belleza de las palabras y la ilustración serpenteando el acantilado visual que deja píldoras de aire estampadas sobre el papel, todo esto, nos lleva a mirar a través de la ranura de la puerta para huir un instantes del abrevadero cruel de la sociedad. La tortura que pueda significar que unas hojas inexploradas de esta revista sean instantes enigmáticos o sencillamente revoltijos de acomodadas letras o imágenes que se encapsulan desde Elche, tan sólo cabe decir, que es una miscelánea proyección con un exquisito contenido. Porque este conglomerado álbum proveniente desde cualquier lugar del mundo, es toda una ostentación de sensaciones que sólo puede ser descubierta por aquel que la tenga entre sus manos.

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