Un estudio en El Hondo explica el ‘perro no come perro’ como defensa ante enfermedades

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Una investigación en el parque natural de El Hondo ha mostrado que muchos carroñeros evitan consumir cadáveres de especies cercanas para reducir el riesgo de patógenos.

Una investigación desarrollada en el parque natural de El Hondo, en Elche, ha mostrado que muchos vertebrados carroñeros tienden a evitar comer cadáveres de especies evolutivamente cercanas, lo que apoyaría la idea popular de ‘perro no come perro’ como una estrategia natural para reducir el riesgo de infecciones y enfermedades.

El trabajo lo han realizado científicos del Centro de Investigación e Innovación Agroalimentaria y Agroambiental de la Universidad Miguel Hernández (CIAGRO-UMH), del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante (UA) y del Departamento de Zoología de la Universidad de Granada (UGR). El estudio ha aportado la primera evidencia empírica en una comunidad de vertebrados carroñeros de que la relación evolutiva entre un animal y el cadáver disponible influye en qué restos decide consumir.

Experimento con 174 cadáveres en El Hondo

El estudio, titulado ‘La filogenia orienta el consumo de carroña de los vertebrados carroñeros a especies distantemente emparentadas’, se ha desarrollado entre 2020 y 2021 en el parque natural de El Hondo. Este espacio protegido, situado en la provincia de Alicante, es el segundo humedal en extensión de la Comunitat Valenciana y destaca por su elevada diversidad de aves, mamíferos y otros vertebrados.

Una de las autoras, la bióloga del CIAGRO-UMH Tatiana Pessano-Serrat, ha explicado que el equipo colocó 174 cadáveres de 35 especies de peces, aves y mamíferos en distintos puntos del parque. Después, ha detallado que monitorizaron cada punto mediante cámaras trampa que se activan con el movimiento para registrar qué animales acudían y qué restos consumían.

Las cámaras identificaron 24 especies de vertebrados que actuaron como carroñeros, entre aves, mamíferos y un reptil. Según los resultados, estos animales han tendido a consumir cadáveres de especies evolutivamente más alejadas de lo esperado por azar.

En concreto, la mitad de las especies analizadas, doce, han elegido con más frecuencia restos de especies lejanamente emparentadas. En cambio, siete han mostrado preferencia por especies más próximas y otras cinco no han evidenciado una elección clara.

Los investigadores han detectado, por tanto, una tendencia general que indica que la distancia evolutiva puede ser un factor importante en la selección de la carroña. Esta pauta se suma a otros criterios ya conocidos, como la disponibilidad de restos, el tamaño del cadáver o el tipo de animal.

Instinto para evitar patógenos

Las especies próximas desde el punto de vista evolutivo suelen compartir características fisiológicas y sistemas biológicos. Por tanto, también pueden compartir con mayor facilidad determinados patógenos. El riesgo de infección resulta más alto cuando un animal se alimenta del cadáver de otro con un alto grado de parentesco.

Pessano-Serrat, que ha colaborado en este trabajo con Roberto C. Rodríguez-Caro y Adrian Orihuela-Torres (UA) y con Daniel Redondo-Gómez (UGR), ha apuntado que ‘una posible explicación es que los carroñeros hayan podido desarrollar mecanismos de comportamiento que les permiten reducir su exposición a patógenos evitando cadáveres de especies demasiado próximas’. Según ha señalado, esta conducta encaja con la idea de que la evitación de ciertas carroñas actúa como primera línea de defensa frente a las enfermedades.

Los resultados del estudio amplían la visión sobre los procesos que determinan el carroñeo. El equipo investigador ha concluido que ‘la elección de un cadáver no parece depender únicamente de factores como su disponibilidad, tamaño o tipo sino también de la historia evolutiva de las especies implicadas’.

La carroña es un recurso muy nutritivo para muchas especies, pero también puede suponer un riesgo. Los restos pueden contener microorganismos capaces de causar enfermedades, sobre todo entre individuos filogenéticamente cercanos. Precisamente por ello, la selección de cadáveres más lejanos desde el punto de vista evolutivo podría suponer una ventaja sanitaria.

Estudios anteriores ya habían observado que algunos carnívoros evitan consumir carroñas de su misma especie o de especies muy cercanas. Esta estrategia se ha relacionado con la reducción del riesgo de parásitos y con el concepto de ‘paisaje del asco’. Este término hace referencia a cómo los animales modifican su comportamiento para evitar recursos, lugares o señales asociados a un mayor riesgo de infección.

Entre las conclusiones del trabajo publicado en la revista científica ‘Ecology Letters‘, los autores han destacado que este patrón de comportamiento podría ayudar de forma natural a reducir la exposición a patógenos. Además, podría contribuir a limitar algunas vías de transmisión de enfermedades en las comunidades animales.

Los investigadores han subrayado también el importante papel de los carroñeros en los ecosistemas. Han recordado que estos animales no solo participan en el reciclaje de nutrientes y en el mantenimiento del funcionamiento ecológico. Según destacan, ‘conservar comunidades de carroñeros diversas y saludables puede aportar beneficios tanto para el funcionamiento de los ecosistemas como para la salud de las poblaciones animales’.