La ciudad de Alicante donde el auge del azafrán dejó un sorprendente legado modernista

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Novelda conserva viviendas, palacetes y un singular santuario que permiten viajar a la época en la que una nueva burguesía transformó la arquitectura de la localidad

Novelda es conocida por el mármol, las especias y la uva de mesa. Sin embargo, entre las calles de su casco urbano conserva otro patrimonio menos evidente para quien nunca ha recorrido la localidad. A comienzos del siglo XX, la prosperidad de determinadas familias dejó tras de sí casas con vidrieras, hierro forjado, mármoles, pinturas y una exuberante decoración. Por eso, hoy convierten a esta población del Medio Vinalopó en uno de los principales focos modernistas de la provincia de Alicante.

El origen de esta concentración de edificios hay que buscarlo unas décadas antes. Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, el crecimiento del comercio —con especial importancia del azafrán— y el desarrollo de la agricultura favorecieron la aparición de una burguesía local. Además, esta burguesía tenía capacidad económica para construir y transformar grandes residencias siguiendo las nuevas tendencias artísticas europeas. El propio Ayuntamiento vincula directamente aquella prosperidad con la expansión del modernismo en Novelda.

Ese fenómeno dejó una huella especialmente visible en torno a la calle Mayor. No obstante, también acabó extendiéndose fuera del casco urbano. La Casa Museo Modernista, la actual Casa Gómez-Tortosa y el Santuario de Santa María Magdalena permiten entender tres formas muy diferentes de un mismo movimiento artístico.

Antonia Navarro, una figura clave del modernismo de Novelda

Buena parte de esta historia conduce a una misma mujer: Antonia Navarro Mira, integrante de una de las familias con mayor peso económico de la Novelda de finales del siglo XIX y principios del XX. Su familia destacó especialmente en el comercio del azafrán y ella tuvo un papel decisivo en la introducción del nuevo gusto arquitectónico entre la burguesía local.

En 1901 encargó al arquitecto Pedro Cerdán Martínez la construcción de la residencia que hoy se conoce como Casa Museo Modernista, situada en el número 24 de la calle Mayor. El edificio conserva planta baja y dos alturas. Además, es uno de los ejemplos más completos de este estilo en la provincia.

El exterior ya permite apreciar los trabajos de forja en balcones y ventanas, pero es en el interior donde aparece la decoración más espectacular. Maderas talladas, estucos, mármoles, pinturas de motivos vegetales y femeninos y grandes vidrieras ocupan las diferentes estancias. Todo se organiza alrededor de un patio central que introduce la luz natural en la vivienda.

Uno de sus elementos más reconocibles es la escalera helicoidal, rodeada por una barandilla de hierro con decoración vegetal y culminada por una vidriera que ilumina el hueco de la escalera. La casa tiene alrededor de 1.800 metros cuadrados distribuidos en tres plantas, según la Fundación Mediterráneo. Esta fundación es propietaria del inmueble desde 1975.

Otra casa de la misma familia convertida en museo

A pocos minutos a pie aparece otro edificio estrechamente relacionado con Antonia Navarro. La actual Casa Gómez-Tortosa ya existía en el siglo XIX, pero fue adquirida por Navarro y profundamente transformada para incorporar la estética modernista. Posteriormente se convirtió en residencia de los condes de Gómez-Tortosa.

Su fachada es bastante más sobria que su interior, algo que puede hacer que pase inadvertida para quien simplemente camina por la calle Mayor. Al atravesar sus puertas aparecen columnas y rejerías de hierro fundido, una escalera de hueco ovalado, una claraboya, azulejería policromada y un patio con columnas de piedra caliza asentadas sobre mármol rojo de la zona. También conserva una antigua capilla y el salón de los tapices, decorado con pinturas de Lorenzo Pericás.

El inmueble ha recuperado recientemente una nueva función. Tras una rehabilitación y musealización de 435.000 euros, en junio de 2026 abrió sus puertas como Museo del Modernismo Gómez-Tortosa. La intervención ha recuperado espacios de la vivienda y elementos patrimoniales. El objetivo es explicar tanto el edificio como el contexto económico y social que propició el desarrollo del modernismo en Novelda.

De esta forma, dos grandes residencias relacionadas con una misma familia permiten observar cómo vivía aquella burguesía. También permiten entender hasta qué punto la arquitectura servía como demostración de prosperidad, modernidad y posición social.

Un santuario modernista sobre el monte de La Mola

El modernismo de Novelda no termina entre las viviendas del centro. A unos kilómetros del casco urbano, junto al castillo de La Mola, aparece el edificio que probablemente produce mayor sorpresa a quien visita la localidad por primera vez: el Santuario de Santa María Magdalena.

Su construcción comenzó en 1918 siguiendo un proyecto del ingeniero noveldense José Sala Sala y se desarrolló en tres fases hasta quedar terminada en 1946. Sala trasladó al edificio influencias del modernismo catalán, pero utilizó materiales estrechamente ligados al entorno de Novelda.

En la fachada se mezclan guijarros procedentes del río Vinalopó, ladrillo rojizo, mampostería y azulejos policromados. Dos torres laterales de 25 metros de altura flanquean la entrada y terminan en sendas cruces de piedra. La decoración incorpora referencias vegetales y formas procedentes de distintas tradiciones arquitectónicas.

También resulta singular su planta. El espacio interior adopta una forma inspirada en un vaso de ungüento, en referencia al recipiente asociado en la tradición cristiana a María Magdalena. En el ábside se encuentra el camarín de la santa, copatrona de Novelda.

Mucho más modernismo del que aparece a primera vista

Las tres construcciones más conocidas no son las únicas. Novelda conserva otras viviendas con elementos modernistas en fachadas e interiores, además de la Casa Mira, situada en la plazuela de San Vicente y de propiedad privada. Por su parte, el Ayuntamiento considera precisamente la Casa Museo Modernista, Gómez-Tortosa y Casa Mira tres de los principales ejemplos civiles de este patrimonio local.

También aparecen detalles modernistas en balcones, rejerías, trabajos de piedra y aleros decorados con cerámica repartidos por diferentes calles. Esto convierte un paseo por el centro en algo distinto a una visita a un único monumento. Como resultado, una parte de la arquitectura cotidiana conserva todavía las señales de aquella transformación que vivió Novelda hace más de un siglo.

La ciudad forma parte además de la Ruta Europea del Modernismo, una red que reúne localidades con un patrimonio destacado ligado al Art Nouveau y sus diferentes expresiones nacionales. La recuperación de la Casa Gómez-Tortosa como museo ha reforzado en 2026 este conjunto formado por arquitectura doméstica, elementos urbanos y el singular santuario de La Mola.

Una prosperidad que todavía puede verse en sus calles

El modernismo de Novelda permite leer una parte de la historia económica de la ciudad a través de sus edificios. La expansión agrícola, el comercio del azafrán y la aparición de familias empresariales con nuevas aspiraciones sociales generaron el contexto necesario. En ese contexto llegaron las formas curvas, las vidrieras, los motivos florales y los trabajos artesanales característicos de este movimiento.

Más de un siglo después, aquel periodo continúa siendo visible. Basta pasar de los espectaculares interiores de la Casa Museo a la antigua residencia Gómez-Tortosa y terminar ante las torres del Santuario de Santa María Magdalena. De esta manera, es posible descubrir una faceta de Novelda que queda muchas veces eclipsada por sus productos más conocidos.