Por qué Aemet reserva el aviso rojo por lluvia a episodios excepcionales

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Aemet defiende que el aviso rojo por lluvias se limite a episodios realmente extraordinarios y explica por qué exige más en la Comunitat Valenciana.

La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha defendido que el aviso rojo por lluvias se reserve solo para episodios verdaderamente extraordinarios y ha explicado que los distintos umbrales entre comunidades responden a criterios climatológicos, como la frecuencia de estos fenómenos y los impactos previsibles sobre la población.

La Agencia ha descrito el episodio de lluvias y tormentas registrado este miércoles en la Comunitat Valenciana como intenso, pero dentro de la normalidad climática de la zona. Ha recordado que las comunidades mediterráneas peninsulares y Baleares manejan umbrales más altos para emitir avisos por precipitaciones porque sufren lluvias intensas con mayor frecuencia que otros territorios.

En este contexto, Aemet ha insistido en que es importante no sobreavisar. La aclaración llega después de que el Consell haya pedido al Gobierno de Pedro Sánchez que actualice los márgenes con los que opera la Agencia en sus alertas, que, según ha afirmado el portavoz Miguel Barrachina, son más exigentes en la Comunitat Valenciana que en el resto de territorios.

Diferencias de umbrales entre territorios

A través de sus redes sociales, Aemet ha detallado que en València o Barcelona solo se activa un aviso rojo por lluvias cuando se prevé superar 90 litros por metro cuadrado en una hora. En cambio, en ciudades como Valladolid o Madrid basta con 60 litros por metro cuadrado para llegar a ese mismo nivel de alerta.

Estos umbrales proceden del Plan Nacional de Predicción y Vigilancia de Fenómenos Meteorológicos Adversos, conocido como Meteoalerta. Este plan fija tres categorías de aviso, asociadas a tres colores según el nivel de peligro: amarillo, naranja y rojo. La clasificación se establece a partir de criterios climatológicos, como que el fenómeno sea poco o muy poco frecuente, y de los posibles impactos que puede generar.

La Agencia ha explicado que el sistema parte de una premisa clara. Los impactos de un fenómeno meteorológico sobre la población y las infraestructuras son mayores cuando ese fenómeno es muy poco frecuente en la zona. Para ilustrarlo, ha puesto un ejemplo con las olas de calor.

Según ha señalado, es fácil de comprender si se piensa que 40 °C en Londres tiene consecuencias mucho más adversas que en Sevilla. En la capital británica casi nunca se alcanzan temperaturas tan altas y, por ello, la ciudad no está adaptada al calor extremo. Aemet ha citado la ausencia generalizada de equipos de aire acondicionado y el hecho de que muchas ventanas carecen de persianas o toldos.

En cambio, ha añadido, en el sur de España existe toda una cultura del calor. La población y las viviendas cuentan con más recursos para afrontar episodios de altas temperaturas porque estos se repiten con frecuencia cada verano.

Con las lluvias, ha argumentado la Agencia, sucede algo similar. En el área mediterránea peninsular y en Baleares la frecuencia de episodios de lluvias torrenciales es mucho mayor que en otras zonas del país. Por eso, aunque los acumulados puedan ser muy altos, no siempre se consideran fenómenos extraordinarios desde el punto de vista climatológico.

Como ejemplo reciente, Aemet ha recordado los 48 litros por metro cuadrado en una hora registrados el pasado 16 de septiembre en el aeropuerto de Valencia. Ha calificado esta cifra como muy alta, pero ha matizado que en el entorno del aeropuerto y de la capital valenciana se han dado registros similares o incluso superiores en los últimos años.

Según ha destacado, el impacto fue grave porque llovió con mucha intensidad sobre un área metropolitana densamente poblada. Sin embargo, ha apuntado que probablemente, si se hubiese producido una tormenta de esa magnitud en Madrid, el impacto habría sido mayor, ya que nunca se ha registrado en la capital una lluvia de esa intensidad.

Por todo ello, Aemet ha recalcado que los avisos de nivel naranja ya reflejan una situación de peligro importante. En estos casos, la intensidad del fenómeno resulta lo bastante alta como para provocar impactos graves en zonas vulnerables.

En cambio, ha subrayado que los avisos rojos se reservan para situaciones de peligro extraordinario. En estos episodios, las áreas expuestas o con mayor vulnerabilidad pueden sufrir impactos muy graves o incluso catastróficos, por lo que se trata de una herramienta que, según la Agencia, debe utilizarse con la máxima prudencia y solo cuando los datos lo justifican.