Un telar de hace 3.500 años hallado en el yacimiento de Cabezo Redondo, en Villena, aporta datos esenciales para comprender la revolución textil de la antigua Edad del Bronce. El hallazgo, especialmente singular por el grado de conservación de sus elementos, ha permitido documentar no solo las pesas habituales en este tipo de estructuras, sino también parte de su armazón de madera y restos de fibras vegetales.
El equipo investigador destaca que se trata de un descubrimiento excepcional, ya que permite reconstruir con gran precisión el funcionamiento de un telar prehistórico, algo muy poco frecuente en arqueología. El conjunto se relaciona además con los cambios tecnológicos, económicos y sociales que transformaron la producción textil en la Europa de la Edad del Bronce.
Gabriel García Atiénzar, Paula Martín de la Sierra Pareja, Virginia Barciela González y Mauro S. Hernández Pérez, de la Universidad de Alicante, junto a Ricardo Basso Rial, de la Universidad de Granada, y Yolanda Carrión Marco, de la Universitat de València, forman parte del grupo de investigación responsable del estudio.
Un incendio permitió una conservación excepcional del telar
Según explican los investigadores, la conservación del telar fue posible gracias a un incendio ocurrido hace unos 3.500 años en el poblado. Aunque el fuego destruyó viviendas y talleres, también generó un contexto arqueológico excepcional que favoreció la preservación de materiales muy difíciles de documentar, como la madera.
El catedrático de Prehistoria de la Universidad de Alicante, Gabriel García Atiénzar, ha explicado que el fuego generó un contexto arqueológico muy particular donde «el colapso del techo fue crucial» al crear «un contexto sellado en el que el área fue destruida de forma repentina y quedó inmediatamente enterrada, lo que permitió su conservación».
Bajo los restos de la cubierta derrumbada quedaron atrapados distintos elementos del telar, entre ellos maderos carbonizados, pesas de barro y cuerdas de esparto. Esa combinación ha resultado decisiva para poder interpretar el conjunto con un nivel de detalle poco habitual.
Ricardo Basso Rial ha señalado que «aunque el telar apareció en un contexto colapsado y faltaban algunas piezas, el conjunto compacto de 44 pesas cilíndricas con perforación central, la mayoría de unos 200 gramos, es característico de un telar vertical de pesas».
El hallazgo permite reconstruir el funcionamiento del telar
Junto a esas pesas aparecieron varias vigas de madera de pino colocadas en paralelo. Algunas, más gruesas y con sección rectangular, corresponderían a los postes verticales del bastidor. Otras, más estrechas y de sección circular, se interpretan como barras horizontales del sistema.
Los investigadores también identificaron fibras trenzadas de esparto asociadas a la estructura. Además, localizaron restos de pequeños cordones en las perforaciones de algunas pesas, que probablemente se utilizaban para fijar los hilos de la urdimbre.
Gracias a la combinación de pesas, madera y fibras, el equipo ha podido reconstruir con precisión el funcionamiento del telar. El análisis microscópico ha permitido identificar que la estructura estaba fabricada con pino carrasco, una especie ampliamente distribuida en el entorno.
La observación de los anillos de crecimiento sugiere, además, que las vigas procedían de árboles longevos con madera de gran diámetro. A juicio del equipo, este dato apunta a una selección cuidadosa del material, lo que refuerza la importancia tecnológica de la pieza.
Cabezo Redondo y la revolución textil de la Edad del Bronce
El hallazgo se enmarca en un proceso más amplio conocido como la revolución textil de la Edad del Bronce europea. Este fenómeno se caracteriza por cambios en las técnicas de producción, en la organización del trabajo y en la importancia económica de los tejidos.
Según explican los investigadores, este proceso no respondió a una única causa. De hecho, sostienen que «la revolución textil fue el resultado de la convergencia de varios procesos como la expansión de la ganadería orientada a la lana, innovaciones técnicas en telares y herramientas de hilado y cambios sociales que favorecieron una producción textil más intensiva y diversificada».
El telar de Cabezo Redondo resulta especialmente valioso porque permite pasar de la interpretación de pesas aisladas a la documentación de un telar en funcionamiento «casi con detalle fotográfico», con su estructura de madera, las cuerdas, las pesas y el contexto arquitectónico en el que se utilizó.
Un espacio compartido que apunta a trabajo cooperativo
El lugar en el que apareció el telar también aporta información sobre la organización social del trabajo en el asentamiento. La estructura se encontraba en un espacio exterior compartido entre varias viviendas, lo que sugiere una producción cooperativa.
Paula Martín de la Sierra, investigadora postdoctoral del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología y Patrimonio Histórico (INAPH) de la Universidad de Alicante, ha señalado que «esto indica que diferentes grupos domésticos pudieron colaborar en actividades como hilar, tejer o moler grano», mientras que «otras actividades artesanales del poblado como la metalurgia o el trabajo del marfil parecen haber estado concentradas en ámbitos especializados».
Las evidencias bioantropológicas apuntan además a un papel central de las mujeres en estas actividades textiles. En varias sepulturas del asentamiento se han identificado mujeres cuyos dientes presentan un desgaste característico asociado al trabajo de hilado, probablemente por sujetar fibras o cortar hilos con los incisivos.
Lejos de ser una aldea aislada, Cabezo Redondo fue, según subraya el equipo, un importante núcleo regional. Su tamaño, la continuidad de la ocupación y la monumentalidad de algunas estructuras apuntan a que actuó como centro político y económico del sureste peninsular durante el II milenio.



