Chucho Valdés, ese pianista enorme en lo musical y en lo corporal, un gigante, moviéndose en el escenario con un ancestral sentido del ritmo, un sentido heredado de toda una saga de grandes músicos, y que se conserva y sigue creciendo (su hijo pequeño toca en su banda y es un percusionista excepcional), un corpachón que dirige a sus músicos con gestos casi imperceptibles, y que luego, frente al teclado de su piano es un torrente de sensaciones, una cascada de brillantes sonidos , un continuo fluir de escalas, notas y melodías que sugieren tanto el ajetreo de las calles de Nueva York, como los tugurios de Nueva Orleans o los vientos y las playas del Caribe.









Chucho Valdés, ese genial músico cubano, cerró ayer la edición del festival Internacional de Jazz de 2024 en Alicante. Para esta ocasión, el pianista ha desplegado sobre el escenario un espectáculo con el nombre de Irakere 50, un homenaje a la banda cubana que marcó un antes y un después en el jazz latino, por su magistral fusión de la música ritual afrocubana, con la música popular cubana, el jazz, el rock y la música clásica.
Hagamos un poco de historia. Irakere fue un grupo independiente que se formó en 1975 y permaneció activo hasta 2005. La guerra fría y el bloqueo a Cuba dificultaron que su música traspasara las fronteras, hasta que un grupo de jazzistas americanos, entre los que viajaban Dizzy Gillespie, Stan Getz y Ry Cooder los descubrieron y difundieron su trabajo. Chucho Valdés e Irakere actuaron poco después en el Carnegie Hall de New York, dentro de la programación del festival de Newport. Meses más tarde, un disco titulado Irakere, con parte de lo grabado en aquel concierto, ganó el Grammy a la mejor grabación de Jazz Latino.
Para este homenaje a tan histórica banda, Chucho Valdés se hace acompañar de un grupo selecto de músicos, que brillan con luz propia y cumplen con nota las expectativas. A la percusión el mencionado hijo de Chucho, Julián Valdés y Roberto Jr. Vizcaíno Torre. José A. Gola al bajo eléctrico. Horacio Fernández a la batería, y Ramón Álvarez como vocalista.











Mención expresa merece la sección de vientos: Eddie de Armas Jr. y Osvaldo Fleites a la trompeta, con unas improvisaciones y unos duetos impresionantes. Luis Beltrán y Carlos Averhoff Jr., a los diferentes saxos, con una gama amplísima de sonidos, texturas y capas, que tan pronto te ponen melancólico como te obligan a danzar.
Danzando es cómo ha terminado el público asistente, que ha llenado completamente el aforo del auditorio de Alicante, y premiando a los músicos con largos y joviales aplausos. Broche de oro para el festival de Jazz.


