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25N: “No me voy lejos de mi maltratador sin mis animales”

Muchas mujeres maltratadas prefieren quedarse con su agresor antes de abandonar ese hogar, dejando a sus animales con la persona que los maltrata a ambos.

Hoy es 25N, Día Internacional de la Violencia de Género, declarado así en 1981 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Ese mismo día que cada año mostramos nuestra repulsa hacia los malos tratos contra las mujeres. Un día en el que guardamos silencio por un número ilimitado de asesinatos que se llevan a cabo por hombres a lo largo de todo el mundo. 

Insultos, humillaciones, vejaciones, control, prohibiciones, malos tratos físicos, amenazas de muerte e incluso ataques letales, todo eso sufren mujeres a diario en nuestra sociedad. Sin embargo, una nueva forma de violencia de género está saliendo a la luz en la actualidad, aunque lleva ocurriendo toda la vida, el maltrato animal. Las agresiones que sufren los animales en manos de quienes maltratan a sus mujeres también es una manera de ejercer la violencia contra ella.  Con frecuencia, esos pobres seres vivos son las víctimas invisibles de esta lacra social.

Los agresores maltratan a los animales de las víctimas por dos razones principales: por un lado, porque, según estudios de sociólogos, psicólogos y criminólogos, hay un rasgo psicopático común entre quien maltrata animales y quien maltrata a mujeres, y, por otro, porque es la forma que tienen de controlar que ellas no les abandonen, porque no quieren dejar a sus fieles amigos de cuatro patas con sus agresores.

El 70% de los agresores maltratan también a sus animales

Diferentes estudios de la Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos (CoPPA) revelan que que el 70% de los que ejercen violencia contra las mujeres, maltratan también a sus animales, como forma de intimidación hacia ellas. Por ello, en España, CoPPA ha trasladado al Ministerio de Justicia diversas propuestas en ese sentido para la modificación del Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal, para que incluya este tipo de delitos como violencia de género. 

De hecho, cada vez se va avanzando más en este terreno gracias a la concienciación y a las propias denuncias de las mujeres maltratadas. Por eso, además del programa Viogen (El Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género), al que cada vez se adhieren más Ayuntamientos, la Dirección General de los Derechos de los Animales en nuestro país, ha puesto en marcha Viopet, un programa que ayuda a la acogida temporal o definitiva de los animales de víctimas de violencia machista. 

Muchas no abandonan a sus agresores si tienen que dejar a sus animales con ellos

Es una realidad que muchas veces las mujeres se ven obligadas a elegir entre su seguridad o las de sus perros o gatos por ejemplo. Y los que tenemos animales en casa, sabemos que su amor incondicional no es comparable con nada más, y muchas personas daríamos nuestra vida por ellos. Y eso es lo que hacen algunas mujeres que sufren de violencia de género, prefieren morir a manos de sus maltratadores antes que salir del infierno que es su hogar dejando a sus animales allí, ante la mirada de sus futuros asesinos. 

Y es que es indiscutible que el vínculo emocional que hay entre un animal y una mujer maltratada va más allá de una relación de propiedad. Ellas, esas mujeres agredidas, acosadas, humilladas, lamentablemente son “propiedad” de sus maltratadores, o al menos, eso es lo que les hacen creer ellos, pero sus perros, sus gatos, sus conejos o cualquier otro animal sintiente, son su esperanza, su halo de vida y su luz en ese mundo de tinieblas al que se ven arrastradas, cuando topan con aquel que parece ser un príncipe y acaba siendo un carcelero. 

Además, cuando por fin, son conscientes de que quieren abandonar esa relación tóxica, arriesgando su vida si es necesario, se topan con que es muy complicado y prácticamente imposible que en una casa de acogida para mujeres maltratadas, acepten que se lleven a sus animales. Así que entre decidir irse a una de esas casas o quedarse con el carcelero, pero cerca de sus queridos peludos, muchas lo tienen claro. No sin ellos. Nunca sin ellos.

No se van sin sus animales. No sin el perro que se esconde tras la puerta con ella cuando lo ve entrar. No sin el gato que se eriza cuando la oye gritar. No sin cualquier animal con el que se sientan más queridas que con el hombre al que prometieron amar.

No. Ninguna nos vamos sin nuestros animales.

Escrito por María Carmona (Periodista y activista por los derechos de los animales)

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