Las últimas lluvias registradas en la provincia de Alicante han mejorado las previsiones agrícolas para numerosos cultivos, especialmente los de secano como almendro, olivar, cerezo y cereal, además de reducir de forma notable las necesidades de riego en plantaciones de cítricos.
Según explican desde ASAJA Alicante, estas precipitaciones han supuesto un alivio para el campo alicantino tras varios meses de escasez hídrica. En algunas parcelas de cítricos, especialmente en la Vega Baja, el aporte de agua acumulado durante el invierno ha permitido reducir hasta un 80 % el riego, e incluso hay explotaciones que no han necesitado regar desde el mes de octubre.
En el Camp d’Elx, las estaciones meteorológicas situadas en diferentes pedanías han registrado 59 litros por metro cuadrado en Algorós, 71 en Derramador y 68 en Valverde. Estas lluvias, según explica el presidente de ASAJA Elche, Pedro Valero, resultan muy beneficiosas para los cultivos hortícolas de invierno, especialmente para la alcachofa, que se encuentra en el tramo final de su campaña.
Valero asegura que «viene muy bien para toda la hortaliza de invierno en esta fase», ya que la combinación de humedad y temperaturas frescas favorece el desarrollo de productos como brócoli, coliflor o habas. Sin embargo, el exceso de agua también provoca algunas dificultades, ya que retrasa las labores de recolección y complica el acceso a los caminos rurales.
Además, las precipitaciones podrían retrasar la preparación de algunos cultivos de verano. Según explica el propio Valero, el barro impedirá durante varios días la entrada de maquinaria agrícola en las parcelas destinadas a plantaciones como melón, por lo que los agricultores deberán esperar a que el terreno se seque.
Beneficios para el olivar y los cultivos de secano
En los cultivos de secano, las lluvias han llegado en un momento especialmente favorable para el olivar, ya que los árboles comienzan a abandonar el reposo invernal y empiezan a desarrollar los primeros botones florales. Desde la organización agraria señalan que «estas lluvias son especialmente buenas para el olivar pues contribuyen al brote y posterior cuajado de los botones florales que acabarán determinando la producción de la próxima campaña de la aceituna».
Si las condiciones de humedad se mantienen y no se registran episodios de calor excesivo, estos botones podrán evolucionar hasta la floración, prevista para mediados de mayo, y posteriormente dar lugar a la formación del fruto.
En zonas del interior como la Foia de Castalla, donde el cereal tiene una presencia destacada, las precipitaciones también han resultado positivas. En municipios como Ibi, Onil, Castalla o Tibi se han alcanzado registros cercanos a 78,8 litros por metro cuadrado, un aporte de agua que favorece la fase de enraizamiento del cultivo.
Las lluvias de finales de invierno también resultan relevantes para el cerezo, ya que coinciden con fases clave del desarrollo del árbol, como la salida del reposo vegetativo, el hinchado de yemas y el inicio de la floración.
Por su parte, la uva de mesa también se beneficia de la humedad acumulada en el suelo tras el invierno, ya que permite que las raíces dispongan de reservas hídricas suficientes para afrontar la brotación primaveral y reducir las necesidades de riego.
Algunas parcelas anegadas en la Vega Baja
A pesar del balance positivo general, las lluvias más intensas registradas en algunos puntos de la Vega Baja han provocado también problemas puntuales. En municipios como Los Montesinos o San Miguel de Salinas se han alcanzado registros de 71,6 y 78 litros por metro cuadrado, lo que ha dejado algunas fincas anegadas y dificulta temporalmente el acceso a las parcelas.
Los agricultores de la zona confían en que «el sol y el viento sequen rápido la tierra» y permitan retomar la actividad habitual en los próximos días.
Mejora de las reservas hídricas
La evolución de las lluvias también ha tenido un impacto positivo en la situación hidrológica. La cuenca del Segura ha experimentado una mejora notable y sus reservas superan actualmente los 550 hectómetros cúbicos, situándose alrededor de 200 hm³ por encima de la media de la última década.
Este incremento de las reservas ha permitido levantar las restricciones existentes y mejora las perspectivas de disponibilidad de agua para los próximos meses en el sureste peninsular.


