Qué bonito pasear por las calles del casco antiguo de Alicante, con el mar de fondo y la ciudad a tus pies. Bajo la atenta mirada de ‘la cara del moro’ del Castillo de Santa Bárbara. La triste realidad es que lo haces entre suciedad, botellas de alcohol o grafitis que impiden ver la verdadera belleza de sus calles.
Desde hace muchos, muchísimos años, vecinos de este barrio, y amantes de la ciudad en general, luchan por cambiar esta complicada dinámica que gira en torno al casco antiguo. Joaquín Gangoso, presidente de la Asociación Laderas del Benacantil, asegura que hay mucha dejación y que tras «toda una vida peleando», sigue siendo complicado «porque la administración, si no se pone manos a la obra, los vecinos no podemos hacer nada«.
El problema viene desde hace tiempo. Y es que en el centro histórico el ocio nocturno campaba a sus anchas, porque no había regulación. Hablamos de hace unos 25-30 años, cuando «aquí todo valía». «Hace 10-15 años el centro histórico empezó a cambiar, sobre todo por inversión turística, y ha mejorado mucho», explicaba Joaquín Gangoso.

La realidad es que la gente viene «de fiesta y a beber«. Y los vecinos no piden nada raro, sólo «que cada local que haya en el centro histórico esté certificado, que tenga licencia de ocio nocturno, esté insonorizado… Pero sabemos que no todos cumplen, y siguen abriendo hasta las 03.30h sin ningún problema. También sabemos locales que meten menores de edad, y les dan alcohol, algo que está prohibido…» afirma el presidente de la AVV.
«Falta predisposición», añade, pues a raíz del ocio nocturno, se genera mucho vandalismo, suciedad, drogas, alcohol, e incluso escenas de sexo en medio de la calle. «En alicante vivimos del sector servicios, del turismo, y un lunes a las 10 de la mañana la calle está sucia, con malos olores…», cuenta Joaquín. «Esto lo tendríamos que cuidar como oro en paño«, reconoce. Aunque es todo lo contrario.
A pesar de la normativa que prohíbe instalar aires acondicionados en fachadas del centro histórico, está lleno. Calles deterioradas, sucias, llenas de grafitis… Lo que se suma a la dificultad de descanso los fines de semana y entre semana. «Entre semana las terrazas tienen hasta la una y media o dos de la madrugada, con ruido. Nadie puede descansar«, explica.

«Entre las concejalías se echan la pelota. Es triste, pero es una realidad», explicaba, además de reclamar control policial, no sólo de forma esporádica, «porque si no hay continuidad, es pan para hoy y hambre para mañana».
Mientras tanto, seguirán luchando por algo que es suyo. «Tenemos que cuidar algo que es nuestro, de todos los alicantinos, de lo que tendríamos que estar orgullosos», concluye Joaquín Gangoso, que asegura que la imagen que se llevan los turistas es «tercermundista».


