Hoy, 29 de octubre, se celebra el Día Nacional Sin Juegos de Azar. Un problema que sigue creciendo a diario, aunque a veces se le da la espalda. Francisca Domenech es Psicóloga de la Asociación de Jugadores Rehabilitados Nueva Vida.
«Llevo casi 20 años trabajando en la asociación y se ha notado muchísimo el cambio de perfil desde que ha cambiado el tipo de juego«, explica Francisca. Y es que, anteriormente, la edad media rondaba los 50 años. Ahora, la media está entre los 25 y 30 años. «Ha disminuido muchísimo, con la consecuencia y el cambio que eso conlleva en el tratamiento», explica.
Tras la pandemia y el largo período de confinamiento, se ha visto agravada esta situación. «A los usuarios y usuarias que ya teníamos activos en tratamiento y seguimiento no les afectó tanto. Sí es cierto que las personas que estaban más solas tenían más probabilidad de recaída, y algunos las tuvieron», afirma Francisca Domenech.
El problema es que, desde verano, han empezado a llegar nuevos casos. «Es una oleada lo que estamos teniendo», asegura. «Muchos es debido al momento de confinamiento, a lo que ha supuesto esa situación en sus vidas; el encierro, aislamiento, la falta económica… Y sí hemos notado un gran aumento de las solicitudes de ayuda y usuarios que llegan nuevos», comenta. De hecho, continúan llegando cada día, tanto por el juego patológico como por las nuevas tecnologías. «Vienen padres y madres con problemas con las nuevas tecnologías, que se han disparado debido al confinamiento», añade.
El juego va en aumento. Así lo reflejan las estadísticas de la Dirección General de Ordenación del Juego. Cada trimestre, año a año, el juego va aumentando progresivamente. «Conforme aumentan los nuevos usuarios, las cantidades invertidas… aumenta el porcentaje de personas que desarrollan un problema de juego patológico. Por tanto, la previsión es que esto se ha disparado, y va en aumento constante», expresa con preocupación la psicóloga de la asociación.
Un proceso complejo y constante
«Cada persona es un mundo, aunque el problema tiene una base común. Tenemos que adaptarnos a cada persona, su situación y sus características. Hay personas que no lo ven y son los familiares los que descubren la deuda», explica. De hecho, se dan cuenta porque ven que falta dinero, que no llega a final de mes cuando por los ingresos que tiene debería llegar… «Y esto hace saltar la voz de alarma».
En ese momento, «vamos haciendo que tome conciencia de la magnitud del problema, porque generalmente ellos se engañan a sí mismos. Les hacemos ver que jugando, lejos de solucionar el problema, lo que hacen es todavía introducirse más», cuentan desde Nueva Vida.
Actualmente, se está desarrollando otro perfil: jóvenes que piden ayuda ellos solos, la mayoría hombres. «Tocan la puerta pidiendo que quieren auto excluirse del juego para no poder entrar en salones de juego ni jugar online. Nosotros hablamos con ellos para que empiecen a tomar conciencia de que la auto prohibición, por desgracia, no es suficiente. Vamos orientándoles y ellos se van viendo reflejados. Solemos tener contacto con WhatsApp, y al final acaban acudiendo al recurso para recibir la ayuda», explica Francesca Domenech.
También es fundamental la fase de seguimiento. «Hacemos mucho hincapié porque si observamos diferencia de recaídas cuando hay un seguimiento a cuando no lo hay. Hicimos una estadística, y el 80% de los que habían tenido recaídas, no había terminado su seguimiento. Por tanto esa parte de volver a la vida normalizada pero recordando cuáles son las pautas y las indicaciones a seguir son muy importantes también», asegura.
Los jóvenes perciben el juego como una parte más de su ocio. «Tienen ganas de cumplir los 18 para poder entrar con libertad a jugar y en muchas ocasiones han empezado antes de cumplirlos, en algún bar donde no piden DNI o con algún amigo. Luego, cuando tienen posibilidad de acceso es cuando se desata todo esto, en unas edades tan vulnerables como es la juventud o adolescencia».
La historia de un testimonio real
Uno de los usuarios de Nueva Vida tuvo adicción a la heroína cuando era joven. Y ahora ha tenido problemas con el juego patológico. Nos hace una comparativa de ambas adicciones, haciendo alusión a que le parece más duro la adicción al juego que lo mal que lo pasó en la adicción a la heroína.
De hecho, hace hincapié sobre todo en que «cuando tenía la adicción a la heroína, sufría el cuerpo, ese era el sufrimiento. Sin embargo, la adicción al juego físicamente no es tanto dolor: ansiedad, estrés, malestar… Pero el daño que se está haciendo al entorno familiar, el daño económico que van a tardar muchos años en poder recuperarse… Y todo el dolor que produce el contemplar que en unos pequeños meses de tu vida, has podido generar esta situación a tus seres queridos».


