10.8 C
Alicante
lunes, enero 19, 2026

La ‘amistad presencial’ es un factor protector de la salud mental en los adolescentes

En EmoChild, 'nos dicen que se sienten mal cada vez que entran en las redes sociales' ya que 'se comparan con lo que ven y no se acaban de sentir bien' lo que conduce a frustración y problemas de autoestima

Las relaciones sociales y específicamente la «amistad presencial» es un factor protector de los problemas de salud mental en los adolescentes, según las conclusiones del informe EmoChild financiado por el programa Prometeo sobre la salud mental en la población infanto-juvenil con la participación de padres, profesionales y jóvenes.

En el marco de la III Jornada científico-profesional «Salud mental en la infancia y adolescencia: una visión desde dentro», que se celebra en la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, la catedrática en Tratamiento Psicológico Mireia Orgilés ha afirmado que el estudio refleja que sí hay alternativas a las pantallas mediante el fomento «de las relaciones sociales».

«Sabemos que la amistad presencial es un factor protector de los problemas de salud mental y, por ello, siempre tenemos que proporcionar una alternativa a los dispositivos digitales» a través del contacto interpersonal y actividades lúdicas, como puede ser la práctica de deporte o actividades culturales.

Para la catedrática de la UMH, es aconsejable que los teléfonos lleguen a la vida de los niños «cuanto más tarde, mejor», y «siempre con una supervisión y con una normas, es decir, con una negociación previa antes de dar el móvil a un adolescente».

En paralelo a esas pautas, los padres deben tener presente que «un niño o un adolescente no tiene una capacidad crítica para analizar objetivamente lo que observa en las pantallas y redes sociales», por lo que aboga por hacerles ver «que lo que observan no es real» y una «supervisión importante» de los dispositivos que incluya el tiempo de uso, «que suele ser excesivo», y los contenidos.

Ellas se sienten mal al entrar en las redes porque se comparan

En EmoChild, «las adolescentes nos dicen que se sienten mal cada vez que entran en las redes sociales» ya que «se comparan con lo que ven y no se acaban de sentir bien» lo que conduce a frustración y problemas de autoestima.

«Hay que transmitirles que es una realidad totalmente maquillada», ha insistido Orgilés antes de repetir que «por propia definición los adolescentes no tienen una capacidad crítica» para discernir que lo que ven a menudo en TikTok «no es tal» ya que, en caso contrario, se exponen a sufrir más problemas de salud mental».

Además de riesgos como encontrar accidentalmente vídeos de pornografía, ha advertido de que el uso continuado de las pantallas genera problemas de sueño, de rendimiento académico y, en ocasiones, problemas de acoso, el cual «se quedaba en el colegio pero ahora continúa en casa, que ya ni siquiera es un lugar seguro».

El informe aboga por que las administraciones implementen un plan que incluya la voz de los adolescentes, padres y colegios para una regulación de las redes sociales y enseñar a los jóvenes a adquirir «habilidades socioemocionales» desde una edad temprana al tiempo que formar a los progenitores para que sepan «cómo manejar estos problemas de los hijos».

Los adolescentes no están preparados para la frustración

Por su parte el especialista en terapia familiar con adolescentes Antonio Ríos ha sostenido que «el influjo de las redes sociales es muy potente y con una repercusión muy negativa» en salud mental porque los jóvenes «no están preparados para la frustración» al compararse con lo que ven en TikTok o Instagram, donde «nadie sale feo o fea, sin un pelo no peinado o con un cuerpo que no sea bonito».

Frente a esta situación de la generación de jóvenes ‘mute’, porque se comunican más chateando que hablando, ha urgido a una regulación por parte de los padres para marcar «límites» en una etapa «muy difícil» donde los hijos buscan «‘like’ porque significa si soy muy aceptado y muy querido».

Ha recomendado no dar el móvil antes de primero de la ESO (13 ó 14 años) y hacerlo con ese «contrato» que incorpore «las normas del uso, los horarios e, incluso, tener las claves» porque ellos «aún no son conscientes del riesgo que están corriendo», siempre sin olvidar la «amistad presencial» y «cualquier actividad deportiva, lúdica, teatro, música o arte» para una «experiencia física y real».