La hostelería vuelve a ser golpeada con fuerza mientras la sexta ola no cesa. El continuo aumento de casos positivos se traduce en miedo por parte de la población a contraer el virus. Y este miedo conlleva una consecuencia: la cancelación de las reservas de comidas o cenas en estas fechas tan próximas a Navidad.
En el Mesón El Huertano de Torrevieja cuentan cómo ‘tiemblan’ cada vez que suena el teléfono. Y es que cada llamada supone una nueva cancelación. De hecho, hablan de aproximadamente un 70% de cancelaciones. «Desde principios de diciembre estamos recibiendo cancelaciones», explican desde este restaurante, que en condiciones normales contaría con unas 250-300 personas en sus salones.
«La sangría sigue, y puede ser todavía peor», afirma César Anca, presidente de la Asociación de Restaurantes de Alicante (ARA), y propietario de un establecimiento. «De momento hemos tenido un 40% menos de trabajo con respecto al año pasado. Y eso es mucho dinero. Es una barbaridad. La gente tiene miedo», explica. Sin embargo, César hace referencia a ese 50% menos de presión hospitalaria. «Pero la gente ya tiene miedo, y las cancelaciones están ahí. Este tiempo no lo vamos a recuperar», asegura.
Algo curioso es que «la gente prefiere salir a comer, como si el virus sólo estuviera por la noche». La realidad es que las cenas estos fines de semana están siendo «muy tranquilas, prácticamente muertas», añade.
Pero los restaurantes son los lugares donde «más seguro» se puede estar. «La gente está sentada, tranquila y controlada», explica. Y recuerda lo que pasó el año pasado: «Nos cerraron a nosotros, pero la gente se seguía reuniendo. Las casas rurales estaban todas cogidas, apartamentos turísticos, casas privadas… y en enero se dispararon los casos. La gente va a seguir juntándose, y los restaurantes somos los mejores aliados«, afirma César.
El presidente de ARA reconoce, además, que existe miedo entre el sector por las posibles nuevas medidas o restricciones de cara a Nochevieja. «Ya lo estamos viendo en Cataluña», indica. Esta situación ha destrozado la esperanza de los hosteleros que veían en las Navidades una oportunidad para recuperar el tiempo ‘perdido’.


