La forma de criar a un osezno huérfano marca su conducta al volver al monte

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Un estudio liderado por la UMH revela que el modo de rehabilitar a los oseznos huérfanos condiciona su movimiento y relación con entornos humanizados tras su liberación.

El modo en que se rehabilita a un osezno huérfano antes de devolverlo al medio natural ha resultado clave para su conducta posterior. No solo influye en su supervivencia tras la suelta, sino también en cómo se mueve, qué hábitats utiliza y cómo reacciona ante elementos ligados a la actividad humana.

Así lo ha mostrado un estudio internacional liderado por la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), que se ha publicado en la revista científica ‘Journal of Applied Ecology’. El trabajo ha analizado el comportamiento de osos pardos huérfanos rehabilitados y liberados en España, Francia, Italia, Grecia, Bulgaria y Rumanía.

El equipo ha comprobado que determinadas decisiones tomadas durante la fase de rehabilitación dejan una huella medible en la conducta de los animales una vez regresan a la vida en libertad, según ha informado la UMH.

Treinta osos pardos liberados entre 2007 y 2022

La investigación ha recopilado información de treinta osos pardos que han sido liberados entre 2007 y 2022 tras pasar por programas de rehabilitación. Los científicos han analizado más de 8.000 posiciones obtenidas mediante dispositivos de seguimiento remoto.

Esos datos se han relacionado con variables como la edad y el sexo de cada individuo, el tiempo que ha permanecido en rehabilitación, la edad al ser liberado y si el osezno había sido criado solo o junto a otros ejemplares.

En términos generales, los osos han utilizado sobre todo zonas cercanas a bosques y matorrales y con un relieve más abrupto. Ese patrón resulta similar al descrito para poblaciones de osos silvestres que no han pasado por centros de recuperación.

Además, los animales han evitado las áreas agrícolas durante el día y no han mostrado una selección activa de espacios próximos a núcleos de población. Es decir, no han buscado asentarse cerca de pueblos o ciudades.

Sin embargo, el análisis ha detectado diferencias claras relacionadas con las condiciones concretas de rehabilitación. Los ejemplares que han pasado más tiempo en cautividad han tendido a utilizar áreas más alejadas de los bosques y los matorrales.

Por su parte, los oseznos criados junto a otros individuos se han desplazado con mayor rapidez y han empleado zonas más distantes del bosque y más próximas a carreteras que aquellos rehabilitados en solitario.

La proximidad a las carreteras no implica necesariamente que los osos hayan sentido atracción por entornos humanizados. En muchos casos, estas vías atraviesan paisajes naturales y con baja densidad de población.

Este resultado podría indicar una mayor tolerancia a las infraestructuras lineales, como carreteras o pistas, o bien un uso más amplio de paisajes variados y heterogéneos. La edad de liberación también ha estado vinculada al movimiento: los animales liberados a edades más avanzadas se han movido con más rapidez.

Según ha explicado Lara Naves-Alegre, primera autora del estudio, actualmente investigadora de la Universidad de Granada y vinculada a la UMH durante el desarrollo de este trabajo, ‘un animal puede sobrevivir después de ser liberado y, aun así, mostrar diferencias importantes en la forma de moverse o utilizar el territorio’.

‘Por eso, el éxito de la rehabilitación no debería evaluarse únicamente mediante la supervivencia o la ausencia de conflictos, sino también mediante indicadores de comportamiento‘, ha señalado la experta.

Durante el periodo de seguimiento, en 26 de los 30 individuos no se han registrado muertes ni recapturas. Dos osos han muerto por causas desconocidas y otros dos han sido recapturados y devueltos a cautividad tras mostrar indicios de habituación a las personas, aunque ninguno había protagonizado situaciones de conflicto.