El Hospital Universitario Vega Baja de Orihuela lidera Protect-UCI, el primer estudio internacional que analizará si la formación estructurada y continuada de los profesionales de cuidados intensivos permite reducir las secuelas físicas, cognitivas y psicológicas que sufren muchos pacientes después de superar una enfermedad crítica.
La investigación contará con la participación de 51 hospitales y cerca de 4.000 profesionales sanitarios. Además, realizará un seguimiento de 1.000 pacientes durante los doce meses posteriores al alta hospitalaria. El proyecto ya ha sido aceptado por ClinicalTrials.gov, uno de los principales registros internacionales de ensayos clínicos.
La jefa del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Universitario Vega Baja y coordinadora de SEMICYUC Humaniza, Carola Giménez-Esparza, explica que «con este estudio pretendemos demostrar que es posible disminuir hasta 20 puntos el porcentaje de pacientes que desarrollan síndrome post cuidados intensivos».
La especialista destaca que la humanización y la seguridad clínica «son estrategias complementarias para reducir el daño evitable, ya que los protocolos de cuidados deben ir de la mano de la comunicación y la empatía». En este sentido, subraya que «la Medicina Intensiva ya no puede centrarse únicamente en salvar vidas; ahora debemos conseguir recuperar vidas y familias».
El gerente del Departamento de Salud de Orihuela, Mario Medina, señala que «la humanización de los cuidados intensivos debe apoyarse siempre en la mejor evidencia científica para trasladar el conocimiento a la práctica clínica».
Medina también ha agradecido «el compromiso, la implicación y el esfuerzo de todos los profesionales de la UCI del Hospital Vega Baja, cuyo trabajo diario y apuesta por la formación y la investigación hacen posible proyectos de gran impacto como Protect-UCI».
Dos modelos de formación para los equipos de UCI
El estudio comparará dos modelos formativos destinados a los equipos multidisciplinares de las unidades de cuidados intensivos. El objetivo es comprobar si una preparación más completa facilita la aplicación de buenas prácticas y disminuye la incidencia del síndrome post cuidados intensivos.
Uno de los grupos recibirá formación sobre el paquete de medidas ABCDEF, recomendado por la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias. El otro se formará en el paquete ampliado A-Z, que añade intervenciones relacionadas con la nutrición, el sueño, la prevención de infecciones, la seguridad clínica y el apoyo psicológico y social.
En el Hospital Universitario Vega Baja, este modelo formativo ya forma parte de la actividad habitual de la UCI. El servicio desarrolla dos sesiones semanales sobre el paquete ampliado de medidas, con la participación de al menos el 75 % del personal médico y de enfermería.
Esta formación continuada favorece una implantación homogénea de las prácticas basadas en la evidencia científica. Los investigadores estudiarán ahora si su aplicación permite mejorar la recuperación física, cognitiva y emocional de los pacientes críticos.
El proyecto evaluará a los participantes un mes después del alta y repetirá el seguimiento a los tres, seis y doce meses. De esta forma, los investigadores podrán analizar la evolución de las secuelas y comprobar si las medidas adoptadas durante el ingreso mantienen sus beneficios a medio y largo plazo.
Secuelas físicas y psicológicas tras pasar por cuidados intensivos
El síndrome post cuidados intensivos afecta al menos al 50 % de las personas que sobreviven a un ingreso en una UCI. En determinados grupos de pacientes, su incidencia puede alcanzar el 75 %.
Las secuelas pueden prolongarse durante meses o incluso años. Además, dificultan la reincorporación a la vida familiar, social y laboral y pueden aumentar la necesidad de asistencia sanitaria después del alta.
Entre sus principales consecuencias figuran la debilidad muscular, la pérdida de autonomía funcional y la reducción de la capacidad respiratoria. También pueden aparecer problemas de memoria, atención o concentración, junto con cuadros de ansiedad, depresión o estrés postraumático.
El impacto no se limita al paciente. Los familiares y cuidadores también pueden sufrir sobrecarga emocional, ansiedad o depresión durante el proceso de recuperación.
Según explica Giménez-Esparza, una parte de estas complicaciones puede prevenirse mediante cambios en las prácticas asistenciales durante el ingreso. La especialista pone como ejemplo el uso de oxígeno en pacientes críticos.
«Durante años era habitual mantener saturaciones de oxígeno del 100 % de forma rutinaria a muchos pacientes críticos. Sin embargo, hoy sabemos que la hiperoxigenación favorece complicaciones como el delirium, un trastorno agudo de la función cerebral asociado a una peor evolución», señala.
La jefa de la UCI añade que «ajustar la oxigenoterapia a las necesidades reales del paciente reduce significativamente este riesgo».
Otras medidas que pueden favorecer la recuperación son mejorar el control del dolor, reducir la sedación cuando resulte posible y facilitar el descanso nocturno. También destacan la movilización precoz de los pacientes y la participación de las familias en los cuidados.
Un protocolo nacional para prevenir las secuelas
Además de generar evidencia científica, Protect-UCI busca facilitar que estas prácticas se incorporen de forma generalizada a las unidades de cuidados intensivos.
Los resultados servirán para desarrollar un protocolo nacional de prevención del síndrome post cuidados intensivos. Este documento se incorporará al Programa de Seguridad del Paciente Crítico del Ministerio de Sanidad.
El proyecto pretende que la recuperación del paciente forme parte del tratamiento desde el primer momento del ingreso. De esta manera, la asistencia no se centraría únicamente en superar la fase crítica, sino también en reducir las consecuencias que pueden aparecer posteriormente.
«La prevención del síndrome post cuidados intensivos no es un complemento de la asistencia, sino una parte esencial del tratamiento del paciente crítico», concluye Giménez-Esparza.
La especialista insiste en que «el éxito ya no consiste solo en que el paciente sobreviva, sino en que pueda recuperar su vida con la mejor calidad posible».





