En un momento dado, parecía que todo se venía abajo o que el cielo caía sobre nuestras cabezas. Tal ha sido la intensidad de la propuesta de Pirotecnia Ferrández, que ha sorprendido al público numeroso e inquieto congregado en Luceros.
El espectáculo ha tenido un sorprendente comienzo aéreo, con trazas de colores y cohetes que explotaban de forma acompasada sobre un cielo azul radiante. Un suave viento ha hecho agradable la espera y ha extendido el espeso humo de la pólvora sobre toda la plaza.
En cuanto la Bellea del Foc ha dicho el consabido “Senyor Pirotécnic…”, no han dejado de sucederse las sorpresas y las consiguientes respuestas por parte del respetable. Y es que el repertorio ha sido extenso. Las primeras, en las cinco fases del comienzo aéreo, donde se han podido ver y escuchar cracker con roncadoras, serpentinas de color con truenos, silbatos y zumbadoras con trueno.
Sin pausa, y cuando el público tenía los ojos y los oídos bien abiertos, han continuado seis nuevas fases de terrestre con acompañamiento aéreo. No había tregua. Y todavía quedaba un potente terremoto que se ha distribuido en tres fases y ha retumbado a doble altura. Era una especie de éxtasis sonoro.

Joaquín Ferrández ya lo había avisado. “Vamos a hacer una mascletá que va a sorprender a todo el mundo. Ese es nuestro objetivo, y sabemos que siempre despertamos una gran expectación en Luceros”.
Ferrández ha utilizado los ciento cincuenta kilos NEC que se permiten lanzar en este concurso. El espectáculo ha durado seis minutos y dieciséis segundos, y el máximo de decibelios ha llegado a los 127,4.
Cuando ha acabado el estruendo, el público ha roto en aplausos y ha coreado una frase habitual cada vez que disparan los Ferrández: “Esto sí es una mascletá”.
Los maestros pirotécnicos han saludado al respetable y han dado la vuelta a la Plaza de Luceros, donde han sido felicitados por la Bellea del Foc, por la Bellea infantil y por el alcalde de Alicante, Luis Barcala.
Después, con el olor a pólvora aún en el aire, han sido abrazados y homenajeados por el público, que se ha dispersado con un agradable zumbido en sus oídos.























