El regreso a España desde Francia de la Dama de Elche, hace ahora 85 años, no fue una devolución incondicional sino un intercambio de obras de arte gestionado por el régimen de Franco y el gobierno de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial.
España entregó un retrato de Velázquez, una obra de El Greco, un tapiz de Goya y otras piezas, a cambio de la Dama, un Murillo y tesoros visigodos.
El Gobierno de entonces lo publicitó como si fuera un rescate o una devolución, pero lo cierto es que fue un importante intercambio de piezas artísticas de gran valor, explica a EFE la ayudante de museo del Departamento de Protohistoria y Colonizaciones del Museo Arqueológico Nacional (MAN), Esperanza Manso.
A principio de los años 40, España crea un servicio de recuperación artística para localizar y recuperar todas las piezas que habían salido durante la Guerra Civil y en los años anteriores fruto de la desprotección de las obras españolas.
La negociación con Francia se plantea desde el primer momento como un intercambio de piezas. España elabora un gran listado con las obras que pretende recuperar; entre ellas la Dama de Elche, los sillares de Osuna o las esfinges de El Salobral, todo piezas de arte íbero que habían salido de España sin protección alguna.
Bien porque habían sido compradas por los arqueólogos franceses, como la Dama de Elche, por la que se pagaron unas 5.000 pesetas, precisa Manso, o bien porque los arqueólogos Pierre Petit y Arthur Engel se compraron los terrenos en los que estaba excavando, de modo que cualquier hallazgo era automáticamente de su propiedad.
Tras muchas negociaciones, España entregó a Francia el retrato de Mariana de Austria, de Velázquez; un Greco “a escoger” y una porción de la tienda de campaña de Francisco I cuando fue capturado por Carlos I en la batalla de Pavía (1525).
Finalmente, el Greco escogido fue un retrato de Antonio Cánovas que estaba en el museo de Santa Cruz y, en vez de la mitad de la tienda de Francisco I, se envió el tapiz de ‘La riña en la venta nueva’ de Goya.
En octubre de 1940 llegó a España la ‘Inmaculada’ de Murillo, considerada “la imagen más perfecta de la Patrona de España” y una de las obras más reclamadas, además de unas 60 cajas con obras de arte que los republicanos españoles habían trasladado a Francia.
Por fin, en febrero de 1941, llega a España la Dama de Elche y un buen número de piezas íberas y, en 1943, parte del Tesoro de Guarrazar, pero “no todo, aún quedan bastantes piezas del tesoro en Francia”, precisa Manso.
La Dama había pasado 44 años en el país vecino, primero en el Museo del Louvre y, durante la II Guerra Mundial, en el Castillo de Montauban, donde fue enviada junto a otras piezas de gran valor desde el Louvre para protegerlas.
Esta semana, cuando se cumplen 85 años de su regreso a casa, la Dama se encuentra rodeada de diez esculturas íberas prestadas por el Museo del Louvre para la exposición ‘Diálogos de escultura ibérica. El Museo del Louvre en el Museo Arqueológico Nacional’.
Se trata de un conjunto de obras que estuvo expuesto en París hasta 1936 y ha permitido el “reencuentro” de parejas, conjuntos y series escultóricas del mundo ibérico peninsular de ambos museos.
Así, hasta el 10 de mayo, se pueden ver la Esfinge de Agost, la Esfinge de El Salobral, dos sillares tallados del monumento A de Osuna, unas cabezas del Cerro de los Santos, la Dama del Llano de la Consolación y otras piezas “hermanas” de las que ya tenía el Arqueológico.
“Son todo piezas que se hallaron junto a las nuestras; son como las hermanas que faltaban de los monumentos que ya tenemos aquí en el Museo Arqueológico Nacional”, explica Manso.


