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jueves, enero 29, 2026

Los veterinarios advierten del riesgo de la procesionaria tras registrar casos en perros en Alicante

La aparición de la oruga se adelanta esta temporada y puede provocar lesiones graves por lo que recomiendan evitar pinadas y detectar síntomas

Los veterinarios de la provincia de Alicante ya han comenzado a registrar casos de perros afectados por la oruga procesionaria del pino, una situación que ha llevado al Colegio de Veterinarios de Alicante (Icoval) a lanzar una advertencia directa a los tutores de mascotas ante el grave riesgo que supone el contacto con este insecto. Aunque la presencia de la procesionaria es habitual en los primeros meses del año, desde la entidad colegial señalan que esta temporada podría haberse adelantado ligeramente, con episodios detectados tanto en la ciudad de Alicante como en otras zonas del litoral y del interior de la provincia.

Icoval ha sido informado de bastantes casos de diversa consideración, todos ellos vinculados a paseos por zonas de pinares, y recuerda que la exposición a estos lepidópteros puede provocar cuadros clínicos muy graves en los perros, llegando incluso a ser letales en los casos más severos. Por este motivo, el colegio ha activado una campaña divulgativa y ha alertado a sus colegiados para que extremen la vigilancia ante posibles síntomas compatibles con el contacto con la procesionaria.

La peligrosidad de esta oruga se debe a los tricomas urticantes que recubren su cuerpo. El simple contacto con estos pelos, ya sea por masticación, ingestión o incluso por olfatearlos, puede desencadenar inflamación de lengua y labios, hipersalivación, úlceras orales, vómitos, prurito, lesiones oculares y, en situaciones más avanzadas, necrosis tisular o afectación respiratoria. La evolución clínica, subrayan desde Icoval, depende del nivel de exposición y del tiempo transcurrido hasta la atención veterinaria, factores clave para el pronóstico del animal.

Recomendaciones ante una posible exposición

Con el objetivo de reforzar la prevención, el Colegio de Veterinarios de Alicante ha difundido un mensaje divulgativo protagonizado por los ‘Icovalitos’, los personajes animados que emplea habitualmente para concienciar sobre tenencia responsable. Desde la entidad recomiendan evitar los paseos por pinadas afectadas y, en caso de transitar por estas zonas, mantener a los perros bajo control para impedir el contacto directo con las orugas.

Si el animal presenta alguno de los síntomas descritos, la recomendación es lavar inmediatamente la zona afectada —boca, labios, lengua, morro o patas— con suero o agua bicarbonatada, siempre sin frotar, y protegiéndose adecuadamente para evitar que los tricomas afecten a la persona que realiza la limpieza. En cualquier caso, insisten en la necesidad de acudir a un centro veterinario lo antes posible para una valoración profesional.

Aviso a los veterinarios clínicos

De forma paralela, Icoval ha recordado a los veterinarios clínicos de la provincia la importancia de incluir la procesionaria en el diagnóstico diferencial durante las próximas semanas, especialmente en animales con antecedentes de paseos por pinares o áreas con presencia conocida de esta plaga forestal.

Entre las recomendaciones trasladadas a los colegiados se encuentran informar a los propietarios sobre la presencia de procesionaria y las medidas para minimizar la exposición, aconsejar evitar las zonas de riesgo o mantener a los animales atados y, cuando sea necesario, con bozal, así como valorar clínicamente cualquier signo compatible, incluso si es leve. También se insiste en la aplicación de tratamiento sintomático precoz, medidas de descontaminación local, como el lavado ocular u oral, y en la registración de los casos clínicos para contribuir al seguimiento de la incidencia durante la temporada.

El ciclo biológico de la procesionaria

En la provincia de Alicante, el ciclo biológico de la Thaumetopoea pityocampa suele comenzar entre finales de septiembre y principios de octubre, cuando las hembras depositan los huevos en las hojas más tiernas de los pinos. Tras la eclosión, las larvas se alimentan durante octubre, noviembre y hasta mediados de diciembre, periodo en el que confeccionan sus conocidas bolsas con ceras propias, donde se refugian del frío y de los depredadores.

A partir de mediados de enero o finales de este mes, y en algunos años incluso a comienzos de febrero, las orugas descienden de los árboles al suelo en busca de refugio en la hojarasca o en grietas de la corteza. Este descenso, que realizan en fila india, es el momento de mayor riesgo para los perros, y puede prolongarse durante casi un mes. Ya en primavera, las orugas se entierran y forman la crisálida, de la que emergerán en verano como mariposas nocturnas, cerrando así su ciclo vital.