¿Eres zero-waster?

Éste es el primero de una serie de artículos abarcando el asunto Cero Residuos.

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Puede ser que te suene un boicot al plástico en mayo a nivel nacional. Pero ¿sabías que hay todo un movimiento social basado en reducir los residuos que producimos? No sólo el plástico, aunque éste es uno de los principales males. Hablamos del hecho de reparar en vez de comprar, no gastar en cosas innecesarias (¿Realmente necesitas esa cuarta camiseta negra?), comprar de manera más consciente y de productos de más proximidad, y sobre todo evitar el consumismo loco de hoy en día. El medio ambiente ya no es sólo cosa de hippies o activistas.

Hay dos ejes en el Zero Waste. El primero es la filosofía de no crear residuos en absoluto. Se reducen las necesidades a lo básico, reutilizamos y reparamos lo que se pueda, reciclamos lo que no se puede reutilizar, y por último lo orgánico se devuelve a la tierra. El segundo y el más complicado, es reformar el sistema que tenemos de consumismo total. Usamos recursos y los tiramos a un vertedero en la actual economía linear. El objetivo de Cero Residuos es actuar de manera circular, donde los recursos que se utilizan de alguna manera se devuelven al sistema. Reducir, Reutilizar y como última opción, Reciclar.

Puede que cambiar a una economía circular suene a locura, pero con el crecimiento de población mundial y la velocidad de consumo de los recursos, no queda otra. Es más, es un hecho sustentado a nivel nacional y Europeo con un plan “Estrategia de Economía Circular”. Mirar alrededor de la casa y darse cuenta de la cantidad de basura, sobretodo de cosas de un sólo uso, es realmente aterrador. Como media, una persona produce un kilo de residuos al día. Multiplica eso por los miembros de una casa, por los vecinos de un edificio o un pueblo y los números son escalofriantes. Nosotros como ciudadanos y consumidores que somos podemos influir en la economía cambiando nuestras costumbres. Vivimos en la sociedad de usar y tirar, en la cual en vez de usar un trapo usamos toallas húmedas, en vez de llevar agua desde casa compramos una botella de plástico sin pensarlo, o en lugar de coser un botón tiramos la camisa. Unos pequeños cambios en casa darán grandes resultados si nos involucramos todos. ¿Realmente podemos no hacerlo? Los datos dicen que no.